jueves, 6 de noviembre de 2014

Entrevista con la abuela. Por: María Alejandra Suárez.

Su alegre presencia vive entre sus hijos y nietos

La dulce y sabia abuela

Su berraquera nunca la dejaba flaquear ante los problemas.


Por: María Alejandra Suárez.

Recuerdo cuando se levantaba a las cinco de la mañana y al dirigirse a la cocina siempre se encontraba mi madre preparando el desayuno y en frente sentada la abuela en una silla quien se coloca a escuchar las noticias en una radio que le regaló a su nieta, quién además  recogía los mangos del patio y los disfrutaba con un gran gusto como si esa fruta penetrara en la evocación de su tierra.
Su sonrisa y entusiasmo eran común en ella, siempre preocupada por los demás, solía entrar al cuarto para levantar a sus nietos, porque le fascinaba ser líder y tener las cosas bajo control, apenas sonaba el teléfono corría a contestarlo pues decía que debía estar enterada de las sucesos que ocurrían, pero ante todo su capacidad de ayudar sin recibir nada a cambio eran de admirar.
El legado más preciado que pudo dejar a toda su familia es la unión porque el amor debe ser la base de toda una familia y como decía coloquialmente “La sangre llama” por ese motivo siempre le encantaba hacer paseos, en donde se disfrutaba de la música vallenata sobre todo la  de Los Betos y Los Zuletas, que no solo es una música, es una melodía para el alma que te llena de sensaciones y emociones, pero ante todo te hace  sentir orgulloso de tu folclore.
También se puede decir que esos paseos estaban llenos de mucha comida, baile, risas y momentos que al rememorar invaden las lágrimas de todos aquellos que la conocieron y saben que su vida no es igual sin la de una persona que cuando reía invadía al mundo de esperanza y en sus ojos negros penetraban los misterios de las pasiones, amores y experiencias que llevaba dentro.
Era común en ella que cuando sus nietos le pedían plata, siempre decía¨ no tengo¨ entonces uno de sus nietos menores llamado Pipe la miraba y decía ¨abuela tienes el monedero metido dentro del seno¨; entonces con una gran sonrisa se sacaba unas monedas y le daba a cada uno de ellos para que compraran dulces, porque  no solo demostraba su cariño económicamente sino emocionalmente.

Querida y apreciada por todos
Infinitamente amorosa, y siempre guiada por sus sentimientos y por lo correcto, la describen quienes la conocieron como una mujer elegante, que le encantaba arreglarse siempre, como toda Guajira altiva y orgullosa de lo que era, pero sobre todo amigable, sociable, y una mujer llena de muchas historias por contar, tenía el privilegio de presentir las cosas antes de que sucedieran, a lo cual ella llamaba que era “La malicia indígena”  que solo se adquiría con la experiencia de los años.
Solía preocuparse y ayudar no solo a sus hijos, nietos, sino los familiares más alejados como sus primos y tíos, cuando algunos de sus ancestros wuayú partía de este mundo se dirigía a su entierro y como es tradición se tiene que llorar con la cara tapada para recibir cabezas de chivo y siempre llegaba con muchas lo cual le parecía gracioso a sus nietos e hijos, pero ante todo de admirar que se iba a los lugares más alejados con tal de cumplir con la cita de darle el último adiós a un familiar o a un amigo.
Todos dependían de ella, pues siempre aconsejaba con amor, y se entregaba por completo, su ternura y su voz dulce eran medicinas para el alma, es sorprendente cómo lo solucionaba todo, porque siempre tenía la respuesta para algún problema, pero  lo que más la hacía feliz era que las personas de su alrededor estuvieran viviendo tranquilamente sin dificultad alguna.
De muchos amigos, muy apreciada y respetada por todos, le encantaba hablar, bailar, viajar debido a que amaba conocer lugares, y además era una mujer luchadora que tenía la convicción y seguridad que para salir adelante no se necesitaba de un hombre, por eso sola trabajó y luchó por un mejor futuro.

Conociendo su  origen e infancia
Corina Peñaranda Carrillo nació el 23 de febrero de 1936  del amor a primera vista que ocurrió entre el barranquero José Vicente Peñaranda y la cotopricera  Laura Carrillo, mientras bailaban esos hermosos vallenatos propios de su región.
Creció al lado de sus seis hermanos llamados, José Vicente, Alfredo, Alejandro,  Efraín, Pilar y finalmente Rosa con quienes amaba bañarse en el río, y montar a caballo recorriendo todo el pueblo. 
Sus padres se dedicaban a la ganadería  debido  al esfuerzo, y el trabajo honesto se lograron posicionar como la finca más prospera del pueblo Cueva Onda  logrando así todo el respeto, cariño y admiración de sus paisanos, quienes iban hasta su casa diariamente en busca de arepa y café.
Su gran amiga de infancia  Rosa Loaiza que años más tardes se convertiría en su cuñada,  con sus valores, principios y gran cariño que sentía por Corina logró conquistar el corazón de su hermano un hombre de carácter. 
Asimismo, la vida muchas veces nos pone en el camino que trascurrimos grandes amistades que quedan para siempre, así le ocurrió a este ángel lleno de nobleza con Luz Bornachera,  Anía Torres, Polita como la llamaban cariñosamente, Pura Ceballos, Beatríz De La Rosa. 
Sus estudios los inició en el colegio Juan Bautista de Cotoprix el cual lleva ese nombre como tributo al patrón de ese corregimiento que se celebra el 24 de junio de una manera muy colorida, llena de grandes conjuntos vallenatos, comida típica como el friche y la tortuga.
Es importante resaltar que Corina siempre la regañaban por comerse los dulces típicos de leche de Monguí, queques,  almojábanas, y le fascinaba comer el arroz de camarón siempre se sintió orgullosa de su tierra y de sus orígenes. 
En su adolescencia participó en el  reinado de  la alegría propio de su corregimiento quedando como soberana gracias a su espontaneidad,  sonrisa y carisma, además por ser muy querida e hija de personas respetables y reconocidas.
Siempre fue la más alegre de sus hermanas, le gustaba ordeñar la vaca, jugar a tirarse de las pierdas del río, sin embargo a medida que pasaron los años mostró un gran interés por lo social e humanístico. 
Se mudó  con el dolor y la profunda tristeza que le producía trasladarse a una ciudad más grande, llena de personas desconocidas y lejos del calor y cariño de sus familiares y amigos más preciados.
Con la firme convicción de volar como una paloma que siempre vuelve a su nido, madura, llena de experiencia y con sus logros cumplidos y la satisfacción de ver feliz a sus padres al verla con el diploma de Enfermería   otorgado en la ciudad de Valledupar.
Lo cierto era que confiaban y creían en ella porque siempre demostró responsabilidad y un gran sentido de pertenencia hacia sí misma y conocía la importancia de ser una profesional en una época donde las mujeres solo eran amas de casa, pero ella quería un destino diferente. 
Siempre quiso ser una persona libre, capaz de tomar sus propias decisiones y de llevar el rumbo de su vida sin ser señalada, con la firme convicción de que llevaba presente los valores y principios que habían fundado en ella sus padres.
Entre sus recuerdos màs preciados quedan aquellas palabras de su madre de ser siempre una buena ciudadana, amar a los animales, ayudar a los demás, tener a Dios en su corazón y mente, pero ante todo si algún día conocía el amor valorarlo sobre todas las cosas. 

Nació un amor difícil de encontrar
Fue al llegar a Maicao donde a primera vista se enamoró de Diego Rodríguez al mirar sus ojos verdes, su altura y su melodiosa voz que perforaba sus oídos a los sentimientos más puros que jamás pudo imaginar y fue así como se unieron para toda la vida engendrando tres mujeres y un hombre fruto del amor.
Un amor puro, sincero y que trascendió todas las barreras que pudo enfrentar, Diego demostraba tener un gran valor por la vida a pesar del dolor que llevaba dentro al haber perdido a temprana edad a su madre quedando así al cuidado de sus padrinos quienes le brindaron educación.  
Sus hijos llevan por nombre Miladys, Anneris, Mariluz y Jaime como un azar del destino para llevar en alto el apellido de la familia. Quienes trajeron alegría al hogar convirtiéndolos de esa manera en excelentes padres que observan la vida de una manera distinta al tener una razón por quién vivirla.
Como todo en la vida cambia pronto llego la desilusión y el desamor se apoderó de estos corazones, muy a pesar de todos los momentos pasados juntos, solo quedaban recuerdos y la necesidad de decir adiós antes de hacerse daño para así darle libertad al alma y permitir que llegaran nuevas ilusiones.  
Ella triste decía, si se acabaron las cosas a pesar de que lo quise no iba  a llorar, si digo que no me importa sería echar mentiras porque fueron muchos años llenos de esperanza pero aquí quedan sus muchachitos sonriéndole inocentemente y era su deber convertirlos en grandes seres humanos y con el deseo de verlos cuando sean hombres se dedicó a educarlos. 

Un hombre generoso y con un gran amor para entregar
En la vida de Corina llegó una mañana como cualquier otra un gran hombre llamado José Anastasio Sánchez,  el cuál la veía mientras trabaja en su taller  y la admiraba por su fortaleza y por sacar adelante a sus cuatro hijos siendo cabeza de hogar en esa época sin importarle las críticas .
Convirtiéndose en amigo y confidente, quedaron perdidamente enamorados, con ese amor puro que trasciende en su  piel, con esas mañanas frescas y lloviznosas. Siendo testigo la primera con ese mar tan profundo que esconde los secretos más puros de las parejas que han ido a consumar su amor en ese lugar.
Con la ternura y el respeto que trataba a los cuatro hijos de Corina fue ocupando un lugar en el corazón de ellos y de su amada que veía en el una esperanza de volver a sentir y a experimentar los sentimientos más profundos por un hombre, que tenía la capacidad de amar sin esperar nada a cambio.
De ese  hogar conformado por Tacho como lo llamaban de cariño y Corina nacieron tres  niños llamados: Tomás, José Agustín y Jhon Jairo.  Fueron muy felices por muchos años disfrutaron de sus hijos y del amor que se proclamaban, ese amor que con los años se hacia más grande y e inmortal.
Después de muchos años y de los grandes valores que José Anastasio dejó en sus hijos, de ser un padre comprensivo, y muy complaciente pero ante todo de dedicarles el tiempo necesario, murió de un infarto dejando un dolor profundo en el corazón de sus seres queridos y apagando la felicidad de esa casa.

En busca de un mejor futuro para sus hijos en Venezuela
Corina decide irse en busca de una mejor economía para sus hijos al quedarse sola y sin saber cómo lograr sacarlos adelante, con el dolor de no poder ver ni abrazar a quien amó con el alma, con la agonía de no saber qué responderle a sus hijos cuándo preguntaba por su padre.
Así fue como Miladys la hija mayor pasó hacerse cargo de sus hermanos, dejando a un lado las cosas propias de una joven y sacrificándose con amor por el bienestar de su familia, sin olvidar que su madre venía todos los fines de semana y que no les faltaba nada, ni económica  ni emocionalmente. 
Fue por esa razón que Corina creo un billar y restaurante en la orilla de la playa, el cuál producía grandes ingresos monetarios, al final se quedó por muchos años en Venezuela donde tenía a su hermana Rosa y donde aprendió amar a esa tierra como la suya, sin olvidar el dolor que le producía estar lejos de sus hijos.

Un cáncer de seno demostraba su fortaleza una vez más como mujer
Corina sentía una bolita alrededor de su seno que le producía dolor por lo cual decidió ir al médico y una fatal noticia vendría a cambiar la vida de todos sus hijos y nietos porque ella con su fortaleza nos demostraba que la esperanza es lo último que se pierde y que la muerte una vez más tendría que esperar. 
Los tratamientos y la operación fue esencial para poder salir con bien de ésta enfermedad y dejarle la gran lección a todos sus seres queridos de que en cualquier momento podríamos partir de éste mundo y que debíamos vivir como si fuera el último, siempre feliz. 

La fiesta  carnavalera nunca antes imaginada
Sus hijos quisieron demostrarle el amor y el profundo respeto que sentían por ella organizándole una gran fiesta llena de tortuga, friche, conjuntos vallenatos, papayeras, grupos folclóricos y demás que fueron necesarios para alegar la noche de todos los invitados y principalmente de la cumplimentada Corina.
Lo curioso de esta fiesta,  como es común en los guajiros duro tres días. Dos cuadras cerradas y cantidad de personas invitadas, todos bailando, solamente se escuchaban risas y mucho llanto de felicidad. En pocas palabras es un cumpleaños que quedó para la historia de los que estuvieron en ese lugar.
Todos tuvieron la oportunidad de decirle a Corina cuánto la amaban, lo valiosa e importante que ella era para todos los que un día la conocieron y con su sonrisa marcó de una manera especial, la vida  de las personas que estaban a su alrededor y que no existía miedo si estaban a su lado. 

Las personas que parten a la eternidad siguen en nuestros corazones 
Corina finalmente murió feliz diciéndole a sus hijos y nietos que ella se iba a descansar a un mejor lugar, expresando cómo quería su entierro y aunque es inevitable no sentir que algo dentro que  quema al hablar y recordarla, al querer abrazarla y saber que no está y nunca volverá, quedan todos esos recuerdos que nos hacen sentirla con nosotros y aunque pase el tiempo, el cariño y el amor profundo que sienten por ella crece más, como si nunca antes supiéramos qué es una partida hasta que se marchó, se llevó un pedacito de sus seres queridos de adentro y nos dejó su sonrisa sentida de profundo dolor.
Son esos momentos en los  que uno comprende el valor de un minuto, de un segundo, de un abrazo, de un beso, de una mirada, de las palabras, de los sentimientos, de los recuerdos, de todas aquellas cosas que no tienen valor y que son intangibles pero que son la esperanza de aquellas personas que tienen en sus ojos la desesperanza de extrañar a alguien con el alma y la resignación de aceptar que nada es eterno en este mundo y que todos tenemos que partir.
Con este escrito se buscaba honrar la memoria de una mujer inigualable, con un gran corazón, llena de alegría y sabiduría que contagió a todos con su ternura y alegría y que vive para siempre en los corazones de aquellas personas que siempre la piensan y la recuerdan en el ayer, como si nunca se hubiera muerto.

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