La fuerza y la valentía hacen parte de mi vida
Entre labores domésticas se forjó una mujer de acero
“Luego de tener 10 hijos, mi profesión es el hogar”, Ubaldina Rosa.
Cuando transcurría el 29 de mayo del año 1923, llegò a la familia Mattos Montero una nueva integrante o como lo dirían mejor sus padres, una boca más que alimentar, Ubaldina Rosa Mattos Motenro, la mayor de cuatro hermanos, su padre Abrahan Mattos y su madre Maria Luisa vieron en ella mas que una hija una madre en potencia, al parecer el don de madre lo tuvo desde que nació, los libros y la época de colegio fueron remplazados por calderos, ollas y labores domésticas, esta aguerrida mujer fue victima del machismo vivido en este contexto social.
Esta mujer aguerrida y fuerte, nunca se le arrugó a nada, fue capaz de hacer todo por sus hijos, un padre ausente hizo de ella el pilar y la base de su familia, desde las labores más varoniles y fuertes como recoger leña y guineo para la comida hasta tener la mejor sazón para hacer del pescado frito y el guineo cocido un majar de dioses para el paladar de sus 10 hijos.
Siempre fue capaz de trabajar duro y nunca cansarse, como la mayoría de mujeres de su época no tuvo acceso a estudios primarios y mucho menos profesionales, lo cual la llevo a desempeñarse como domestica en una de las familias más prestantes de Ciénaga, en la que posteriormente se convirtió en su ama de llaves, cuando desistieron de sus servicios, se dedicó al comercio independiente, cuando me refiero al comercio independiente, son todas las formas de ventas inventadas por ella para dar sustento a su familia. Desde pescado frito, pasando por conservas de coco y hasta arepas fritas, fueron por mucho tiempo la base de su sustento.
Una niñez sufrida
Su vida no era la de una niña normal, a las tres de la mañana, la pequeña niña abría sus ojitos y lo que esperaba por ella era una olla de maíz recién cocida para moler, pues su madre tenla un restaurante qué atender y ella debía colaborar con las labores de la casa, las polvorientas calles del Banco, Magdalena, fueron testigos del duro forjar de esta niña, las labores maternas para ella fueron algo precoz, pues con apenas 10 le correspondió la crianza de sus tres hermanos.
Los estudios y la formación profesional no eran la base en ese momento, conseguir un buen hombre y junto con él un buen futuro era todo lo que transcurría por la cabeza de esta joven agobiada por los malos tratos y las fuertes labores domésticas. A los 15 años ésta precoz mujer ya disfrutaba de las mieles del amor, su primer amor Osvaldo Moreno fue la persona que conquistó el corazón de esta sufrida joven, conquista y posterior maridaje que dejó dos hijos, Osvaldo Moreno de 75 años y Nelli Moreno de 73.
El abandono de su primer esposo marcó su vida a tal punto, de negar la educación a sus dos hijos, dejándolos a su suerte en el mundo, uno fue criado por su abuela y el otro quedó a su cargo, pero sin recibir de ella la suficiente atención. Con el afán de seguir adelante y en su cabeza el pensamiento de que la solución estaba en una pareja volvió a rehacer su vida con un hombre en el que veía reflejado el futuro de sus hijos, Luis Avendaño Vargas, con el cual tuvo ocho hijos. Como pareja todo funcionaba aparentemente normal, cualquier día su nueva pareja fue víctima del desempleo, lo cual lo obligó a dejar de lado la familia y emprender un largo viaje a Apartado, Antioquia.
Esta fuerte mujer se quedó con los primeros cuatro hijos del matrimonio, con los cuales empezó su lucha para darles una buena crianza y un buen futuro, pero esto debía hacerlo fuera de su casa, pues el dinero crecía en los árboles, su hija mayor Maritza quedaba al cuidado de sus hermanos mientras su madre se iba a trabajar como doméstica en casas de familia, trabajo que no producía el suficiente dinero para suplir las necesidades básicas del hogar, de tal manera que se vio obligada a dejar este trabajo y dedicarse a comercializar con alimentos hechos en su casa pues la cocina siempre fue su fuerte, arepas, bollos, pescado frito, chocolates caseros y conservas de guineo verde, fueron por mucho tiempo el sustento de esta familia ayudándolos un poco con los ingresos .
Luego como madre abnegada y con un fuerte arraigo del concepto de familia, recibía su marido cada dos años y junto con él unos cuantos pesos que servían para solventar la comida de unos días, ella lo recibía con tal amor y agradecimiento que era para ella algo natural, el calor, la emoción y furor de no ver a su marido por tanto tiempo que terminaban en la intimidad amándose como si fueran novios, demostrándose el uno al otro el amor que se tenían, fruto de esta unión un nuevo ser se formaba en su vientre, historia que se repita cada año hasta llegar a completar sus ocho hijos siendo para ella lo más natural de la vida.
Una tormentosa crianza
Sus ocho hijos eran parte fundamental de su vida, muy dentro en su interior ella quería darles el amor y la atención que ellos merecían, pero por su mala situación económica siempre delegó esta función. Función cumplida por la hermana mayor, dejando con ella unos cuantos pesos para el sustento de cada día, pudiéndole alcanzar escasamente para lo básico, el guineo, el queso, la mantequilla, la sopa de maggi, la mazamorra de guineo, el sancocho de mapalé, chicharrón y la chinchurria hacían parte de dieta diaria de sus ocho retoños, así trascurría día a día el devenir de sus hijos hasta que con el esfuerzo más grande crecieron y llegaron a la adultez.
En medio de toda su lucha y con las pocas fuerzas que tuvo, logró mandar a la escuela a la mayoría de sus hijos, unos con más visión que otros, sus cuadernos eran de reciclaje partidos en dos al igual que sus lápices de mina de carbón, para cubrir la demanda de tan numerosa familia, los uniformes eran elaborados a mano por ella misma o de otra manera eran donados por otras familias que los iban dejando, los zapatos eran de bajo presupuesto lo que causaba su pronto deterioro, pero ella con amor restauraba el calzado escolar, los maletines eran confeccionados por sus propias manos con los restos de jean que eran regalados por las modistas y sus meriendas eran totalmente ausentes debido a la escasez de dinero.
Unos con el mayor esfuerzo lograron terminar exitosamente su bachillerato y empezar unas carreras técnicas, impulsados por la escasez económica que se vivía, se trazaron metas en su vida para darle fin a tan penosa situación, metas que fueron cumplidas y llevaron a un posterior cambio en la vida de esta familia, una de ellas, dejar que esta sufrida mujer descansara de tan ardua tarea diaria para ellos empezar a colaborar económicamente e ir supliendo las necesidades básicas con lo cual ella pudo tener un respiro y disfrutar por bastante rato de su descanso.
Luego de que estos hijos fueran la base del sustento de su hogar esta mujer de acero se dedicó en cuerpo y alma solo a hacer las labores de la casa, consentir a sus hijos y hacer de comer, era lo que mejor hacía, sus dulces eran los mejores de la cuadra y al llegar la semana santa su hogar se convertía en un santuario de olores y sabores que solo podían producirse gracias a la sazón de la vieja Uba o como le decimos todos los nietos mamaita, sus dulces eran los mejores de todo el barrio y el que pasaba por su casa se iba con su porción de dulce hecho por la mejor.
Uba se dedicó también a la crianza de sus nietos, la abuela más alcahueta que existe me tocó a mí, sus canciones de cuna y sus maravillosos cuentos hicieron parte de la niñez de cada uno de sus nietos, es impresionante cómo esta mujer puede transportarte a un mundo de fantasías solo con escuchar sus cuentos, la dedicación y el empeño que le puso a la crianza de sus nietos era la misma o aun mayor a la que le puso a la crianza de sus propios hijos.
Con el tiempo y la mejora de la situación, su esposo regresó al hogar y sus hijos pusieron a su cargo una tienda de abarrotes, agotado y cansado de tanto andar tomó un nuevo rumbo lo que lo llevó a regresar a su casa de donde nunca debió salir, como dice el dicho no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, por fin la historia de esta familia estaba cambiando y la economía no volvió a ser un problema por el cual debían preocuparse.
La muerte del amor de su vida la marcó y siempre se dedicó a llevar las riendas de su hogar, pues la verdad nunca necesitó la compañía de un hombre a su lado para poder sacar adelante a su familia, contrario a lo que pensaba su vida trascurrió en su gran mayoría sin un hombre al lado, esto es una muestra más de que esta mujer nunca dependía de alguien solo de un Dios que a mi parecer nunca la abandonó y siempre luchó junto con ella para cambiar la vida que le esperaba a sus hijos.
Hoy en día la mujer de acero se debilitó, y yace sentada en una mecedora en el medio de la sala de su hermosa casa que tanto trabajo le costó construir, rodeada de los que más quiere hoy en día disfruta de su tan merecido descanso y no bastándole esto, en ocasiones manifiesta que ya quiere descansar eternamente, su mirada cansada y adormitada y sus pronunciadas arrugas reflejan lo duro de sus 90 años, en los que la lucha nunca dejó de ser parte de su vida, sus hijos se dedican a festejar con el mayor esmero cada cumpleaños, porque la mujer de acero todos los años dice “este si es el último”,mamaíta.


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