jueves, 6 de noviembre de 2014

Entrevista con la abuela. Por: Yuritza Pacheco.

Una vida llena de amor

La abuela más “pujante” de Convención

Una hija, madre, bisabuela con un enorme corazón.


Por: Yuritza Pacheco

Carmen Rosa Rodríguez Angarita nació el 21 de julio de 1936 en Convención Norte de Santander. Hija mayor de 12 hermanos del hogar conformado por Ramón Antonio Rodríguez Angarita y Ana Dolores Angarita García. Se crió en la casa de sus abuelos paternos en la ciudad de Bucaramanga.

Estudió en el colegio Santa María de Dios, realizó sus estudios hasta el grado undécimo, no pudo entrar a la universidad por problemas económicos, en ese tiempo sus padres no tenían el suficiente dinero para pagarle una carrera profesional. 
Esta mujer, a pesar de los problemas que se le han atravesado en la vida, siempre se las ingenia para salir de cada uno de ellos no se deja vencer ante nada, así como se caracterizan las mujeres santandereanas “berracas”.
“Carmencha” así le decía su padre, Ramón Rodríguez Angarita a quien recuerda como un hombre responsable, trabajador y con un genio “ fregado”. Un padre que todas las noches se paseaba de recámara en recámara a contarle cuentos a sus hijos, “mi padre fue muy especial, lo extraño mucho”, dice Carmen.
En cambio a su madre, Ana Angarita la recuerda como aquella mujer a la que nunca dejaron de brillarle sus ojos, esa madre sensible, amorosa, dedicada a su familia y con un gran carisma, mi mamá nunca dejaba de sonreír hasta en la enfermedad que le causó la muerte, mantuvo esa sonrisa y brillo en sus ojos. 

Infancia
Entre lágrimas y suspiros, la mente de “Carmencha” viaja al pasado y cuenta sobre su niñez. Fue muy alegre, junto a mis hermanos María Helena y Adolfo Ramiro hacíamos muchas maldades a mi papá, todos las noches mientras el leía él periódico empezábamos hacer ruido y  le sacábamos él mal genio, era muy divertido verlo bravo gritando por toda la casa tratando de cogernos mientras mis hermanos y yo corríamos por toda la casa. 
Recuerda mucho un día que se fue a los golpes con una compañera del colegio y cuando llegó a su casa, Ramón, su papá, la estaba esperando con un fajón, en ese momento corrío hacia el patio y se montó a un árbol y de ahí no bajó en todo el día evitando que le pegara su papá. Sus alcahuetas Ramón y María le avisaron cuando su papá se durmió, ahí fue cuando decidió bajar del árbol.
Aunque su niñez estuvo rodeada de muchas travesuras provocadas por ella y sus hermanos, su juventud no fue igual puesto que al cumplir los 14 años, su madre falleció, desde ahí tomó las riendas de su familia y fue ella quien velo por el bienestar de sus hermanos y papá, cuidando de ellos y enseñándoles esos valores que su madre le inculcó y sobre todo demostrando esa berraquera que hasta el último día de vida de su madre mantuvo. 
Su comida favorita son los ajiacos y frijoles, le apasiona la pintura, desde muy niña soñó con ser una excelente diseñadora y con mucho reconocimiento pero en su camino muchos inconvenientes se le atravesaron que le impidieron estudiar y dedicar su vida en la crianza de sus hijos y familia.
Carmen Rosa y su

bisnieta Hary Hernández.

Adolescencia
A sus 16 años, por medio de su mejor amiga de colegio Ana Rita conoce a Baltazar Pacheco Bayona, y no pasó mucho tiempo para que se ennoviaran, fue un amor a primera vista, desde que lo vio la flechó; jamás se imaginó que ese sería el hombre con quien pasaría el resto de sus días. “Aún recuerdo el primer beso con Baltazar, estábamos sentados en la sala de mi casa, cuando de repente me agarro la mano y me besó, fue el beso más rico de mi vida”, dice Carmen Rosa Rodríguez entre risas y carcajadas.
En el corto tiempo de su noviazgo disfrutaron grandes momentos juntos, hicieron algunas travesuras a los profesores y muchas veces esperaban que sus padres se durmieran para encontrarse a  media noche en el río para  poder estar a solas.
Su noviazgo no duró mucho, ya que a los ocho meses quedó embarazada de su primogénito varón Ramón Emiro, así llamaron a su hijo en memoria del padre de Baltazar quien había fallecido años atrás. 
Su embarazo conllevó a que se casaran y unieran sus vidas ante Dios. Baltazar Pacheco y Carmen Rodríguez se casaron a los 17 años en la iglesia Sagrado Dios en Convenciones, el 23 de diciembre de 1953. 
No tuvieron luna de miel, debido a que su embarazo no inició muy bien, presentó síntomas de aborto y por ese motivo aplazaron su viaje. Tiempo después nació su hijo y  desde ese día empezó para Baltazar y Carmen una nueva etapa en sus vidas, el ser papás, mantenerse unidos y darle una buena crianza a su hijo. 
El matrimonio de Carmen Rosa y Baltazar Pacheco lo conforman sus nueve hijos, 29 nietos y 20 bisnietos.  Tres de ellos son abogados, dos son médicos, un odontólogo y el otro es un comerciante. La mayor parte de sus nietos han seguido la tradición de carreras profesionales como la que eligieron sus hijos, excepto unos cuantos que se han ido por la rama del periodismo, contaduría y administración de empresas. 

Por otro lado, Baltazar Pacheco Bayona, su esposo, se dedicó al comercio, poco a poco se fue posicionando en el mundo de los negocios y fue gracias a ese trabajo que sacó adelante su familia, pudo pagar las carreras universitarias de sus hijos, darle viajes, y los caprichos a cada uno de ellos incluyendo a su esposa Carmen Rosa. 
La alegría que identifica a esta familia santandereana es muy grande, cada año se reúnen todos los hermanos, primos, sobrinos en la finca de Ramón Emiro, a las afueras de Bogotá a pasar fin de año. Estas celebraciones son muy sagradas y representa mucho para ella, es la única fecha en la que Carmen Rosa disfruta de sus hijos y demás integrantes de su familia.
De esta numerosa familia dos de sus hijos murieron cuando eran niños, César Julio, así se llamaba su hijo, falleció a los nueve años, mientras Carmen estaba cocinando, César estaba jugando y accidentalmente se tragó una vela, motivo que provocó que muriera asfixiado, cuando Baltazar quiso auxiliar a su hijo era demasiado tarde, su hijo murió en sus brazos, y, Blanca Rosa, la única hija mujer de esta pareja, desafortunadamente murió a sus tres años. “Mi niña, mi única hija, como me duele recordar su muerte, hubo un bajón de luz y en ese momento mi Blanquita estaba abriendo la nevera y se electrocutó”, dice Carmen Rodríguez Angarita. 
Pero no toda la tristeza de perder un ser querido de “Carmencha” queda ahí, su primer nieto Ramón Yesid Pacheco Toro, murió a sus 18 años a causa de un cáncer de estómago, la muerte de su nieto le hizo mucho daño, su presión desde ese día empezó a tener altibajos; pero no solo a ella la pérdida de Ramón la llenó de tristeza, en general a todas las personas que hacen parte de la familia Pacheco Rodríguez, desde que murió “Ramoncito” como lo llamaban todos, las cosas cambiaron, dejaron de hacer reuniones familiares, de celebrar navidades, cumpleaños, la felicidad y alegría desapareció dejando a la familia de estos santandereanos inundada en una amargura e infelicidad.
Pasaron cuatros años en la que la familia se mantuvo unida en un luto que no lograban superar, años en los que todos  compartieron ese sin sabor de perder un familiar al que amaban mucho. Fueron años difíciles para la familia, después de la muerte de “Ramoncito” la salud de Baltazar estaba deteriorándose con el pasar de los días, le realizaron muchos estudios y fue ahí cuando otra desgracia recayó en la familia, su anfitrión como le llamaban sus hijos, padecía de cáncer en el estómago, esa misma enfermedad que hace varios años le arrebató a su nieto.
Lucharon mucho contra el cáncer de su esposo, fueron casi ocho meses de lucha, de oraciones, agarrados a esa esperanza que Dios lo sanara pero su cáncer ya estaba muy avanzado, ya no era mucho lo que se podía hacer por él. Baltazar murió el 25 de mayo de 2005, esa mañana despertó muy temprano le pidió un vaso de agua a Carmen Rosa, le agarro su mano y cerro sus ojos, “Balta me hizo muy feliz, esa mañana se separaron nuestros cuerpos pero nuestro amor lo llevo en mi corazón” dice “Carmencha”.
Otra vez, la familia de Carmen Rosa se vio afectada por ese horrible fantasma llamado cáncer, de nuevo la tristeza y melancolía los abarca a todos, sin excepción alguna, la muerte de Baltazar fue un golpe muy duro, en menos de un año ese hombre ejemplar, ídolo, y ejemplo a seguir para todos se fue consumiendo hasta que sus fuerzas se agotaron, ya no volverán a ver al hombre que los motivaba a salir de las tristezas y dificultades con el mayor de la berraquera que pudiera existir, solo les queda el recuerdo de todas las alegrías y enseñanza que en vida sintieron y aprendieron  a su lado.
Hoy en día, Carmen Rosa vive de los locales que con esfuerzo junto a su esposo Baltazar Pacheco lograron obtener, tiene dos en Bucaramanga, uno Ocaña y otro en Aguachica, afortunadamente estos negocios le bastan para mantenerse a esa gran mujer que parió la tierra de Convenciones, y con su berraquera ha conseguido  que sus patrimonios surjan, “el día que Dios me llame a estar junto a mi esposo, hijos y nieto, me iré feliz”, así concluye Carmen Rosa Rodríguez Angarita.

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