Viviendo su sueño, transcurrió la vida de Edilia García
La Madre Perla
La vida anecdótica de una mujer que quiso tener el mundo en sus manos
Por: Andrea Collantes.
En 1923, en un pueblo retirado de la civilización, llamado Bucaracica, ubicado a 50 kilómetros de Cúcuta, nació una mujer que llegaría para cambiar la historia de la familia García, se trata de Edilia García de Alba, mujer que con un personalidad arrolladora y decidida cautivó a un hombre importante en este lugar, Ramón David García Quintero, quien sería en ese momento uno de los hombres más importantes de la región, ya que tenía el cargo de alcalde, y no había sido solo él, el hombre provenía de una familia de políticos, muy queridos, por todo el pueblo.
Más adelante cuando Edilia cumplió 18 años, se vio con un poco más de libertad, cosa que ella aprovechó muy bien para, ahora sí, conquistar al que había sido su sueño desde muy pequeña, y esto había sido porque Edilia y Ramón David eran primos, por eso podían compartir tanto tiempo juntos en comidas familiares y paseos, entre el “viene y va”, se enamoraron. De aquí en adelante comenzaron a frecuentar y a hacer malabares para poder encontrarse.
A sus 90 años, Edilia todavía está lucida, tiene la memoria a largo plazo muy bien conservada, que se le olvide el nombre de las personas, o los nombres de sus nietos los confunda con el de sus hijos y viceversa, es algo normal por la edad avanzada y la vida agitada que ha vivido, entre viajes, la carga pesada que es criar 13 hijos y sufrir la pérdida de seres queridos, le debilitaron el espíritu alegre y afanador tan característico de ella.
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La abuelita Edilia en
su cumpleaños 90.
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La juventud de Edilia
En sus años de colegio fue una alumna excelente, dentro de los parámetros y materias que enseñaban en ese momento, no recuerda claramente si terminó el colegio, pero de lo que sí se acuerda es de que era una jovencita muy activa le encantaban los deportes y le iba muy bien en una materia en la que le exigían escribir en una máquina de escribir, llamada mecanografía, aprendió las operaciones básicas, dice ella, a duras penas para que no me robaran la mesada que me daban mis padres.
A los 15 años, le hicieron una fiesta con todas las de la ley, hubo una invitación para todos los miembros de la familia residentes en todas partes de Colombia. Debía ser una fiesta esplendorosa, porque ella era la menor de 6 hermanos. A esta fiesta acudió muy bien vestido el jovencito Ramón David, expresa ella, que esta fue la ocasión en la cual se dio cuenta que quería tener una familia con él.
Para sus 16 años recuerda que viajó a los Estados Unidos de Norte América, acompañada de su madre y de su hermana mayor, fue una linda temporada en este país, recalca ella, puesto que estuvo allí para conocer todas las estaciones del año. En este viaje planeaba encontrar algún lugar en el que quedarse a vivir definitivamente, querían que tuviera un mejor futuro en la modernidad de este país, quería encontrar un trabajo como secretaría, para esta época era un trabajo muy bien remunerado.
Estando allí conoció la nieve y armó muñecos que le recordaran a su amor que había dejado en aquel lejano pueblo de Colombia. No tardó en llegar la primavera y aquí vio las flores más lindas que ella pueda recodar, el verano lo toleró muy bien, porque se parecía al clima que tenía en su pueblo en días calurosos, finalmente el otoño, época que recuerda con nostalgia, puesto que para este momento ya era mucho el tiempo que llevaba sin ver a su familia, especialmente a su Ramoncito, como le recuerda con cariño y ternura.
Para cuando llegó el otoño, ya Edilia estaba bastante entusiasmada con volver a su tierra natal. Mientras contaba los días de su regreso a Colombia, sintió que esos tres meses fueron los más largos de su vida, por la ansiedad trataba de pasar la mayor parte del tiempo afuera, para así no volverse loca con sus propios pensamientos.
Una semana antes, comenzó a preparar todos los asuntos del viaje, la maleta, la ropa, los papeles para ingresar a Colombia, ya se acercaba el gran día.
Caminando por la calle, recorriendo almacenes buscando los recuerdos, que no pueden faltar en la familia, encontró un llavero muy bonito que decía “I love you”, inmediatamente lo agarró y lo pagó, sin que su mamá se diera cuenta, para evitar inconvenientes.
Ya en la casa, abrió muy contenta el presente que había acabado de comprar a Ramón y con esmero lo escondió entre el bolsillo de la camisa que había comprado su madre para él, recuerda con susto que donde su mamá se hubiese llegado a enterar de esto, seguramente la hubiera dejado viviendo en Estados Unidos, no importaba trabajando en qué.
El regreso a Colombia
A finales del otoño de 1939, regresó a Colombia, y recorrió las carreteras del Colombia, cual turista que visita por primera vez al país y queda encantado con su belleza, de camino hacia Cúcuta, donde sería embarcada en un carro que la terminaría de llevarla a su lugar de residencia, Bucaracica.
En el pueblo estaban todos ansiosos por la llegada de Edilia, su madre y su hermana, con una fiesta las recibieron, y para esta ocasión tan especial se preparó la comida preferida de todos los García, ajiaco santandereano, cabe resaltar la diferencia entre el ajiaco santafereño y el santandereano, Edilia describía al ajiaco santandereano, como una mezcla del sancocho que hacen en la costa y el sabor de los cachacos.
Fue en esta reunión con motivo de su regreso, en el que Ramón se atrevió por primera vez a robarle un beso; escondidos debajo de una mesa como si fueran un par de niños Edilia recibió ese beso que tanto había soñado. Ella cautelosamente había retirado el llavero que estaba en el bolsillo de la camisa que le llevaba de regalo, Ramón entusiasmado recibió su regalo, sin embargo, ignorante de lo que esto significaba, no supo entender el mensaje y rápidamente salieron de la mesa porque su mamá y su tía se acercaban, así quedó el joven Ramón sin saber lo que ese llavero quería decir.
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Edilia
y Ramón caminando
por la carrera quinta.
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El abuelo Ramón
Más adelante, cuando la abuela cumplió la mayoría de edad, la familia seguía cogiendo fama, debido a que los García fueron prácticamente los fundadores del pueblo, la gente vivía muy agradecidas y siempre ocuparon los puestos más importantes, los pobladores no dudaban un segundo en escogerlos a ellos como sus dirigentes, puesto que algo que sí tienen los García es carisma, y eso le gusta a la gente.
A pesar de que Ramón tenía todas las oportunidades de llegar a ser un gran político como todos los demás hombres de la familia, él era un poco rebelde y no quería pertecer a este tipo de vida. Siendo así, su padre lo obligó a estudiar en el seminario de Santa Marta, como castigo.
Allí en Santa Marta Ramón adelantó estudios, y llegó a ser seminarista, ya era un personaje reconocido, el tocaba el órgano en varias iglesias de la ciudad, como en la catedral, y la iglesia de Gaira, todas las señoras quedaban encantadas con Ramón, empezando porque era buen mozo y era un hombre muy colaborador.
Así se ganó la confianza y el cariño de varios políticos de Santa Marta, incluso conseguía que le regalaran tierras, propiedades y plata. Ramón viendo que tenía condiciones muy buenas para vivir en esta ciudad se decidió definitivamente a tomar una decisión que cambiaría su vida, decidió pedirle matrimonio a Edilia García.
Cuando al pueblo llegó la carga con esta proposición, la mamá de Edilia puso “el grito en el cielo” y de inmediato corrió hasta la casa de su hermana a comentarle semejante locura, que su hijo, Ramón, se retiró del seminario y de una vida prometedora como sacerdote, para empezar a ser esposo y padre de familia, nada más y nada menos que al lado de su prima Edilia, a esta situación el padre de Ramón reaccionó con la mayor naturalidad y dijo “déjenlos ser felices”, y así fue como Edilia abandonó el pueblo y se estableció en la ciudad de Santa Marta.
En Santa Marta estaba Ramón esperando a su amada, le dio regalos y el anillo de compromiso, unos cuantos meses después fue la boda, a la cual asistió toda la familia, algunos todavía conmocionados, porque se iban a casar estos dos primos.
La vida en Santa Marta
Establecidos definitivamente en Santa Marta y por fin juntos, los tórtolos decidieron comenzar a formar una familia, la querían grande y numerosa, querían que el apellido García se siguiera prolongando por mucho tiempo, nombraron a cada uno de sus hijos con nombres de santos y santas.
Lamentablemente, Ramón en esta ciudad tan grande y con la plata, que era bastante para esa época, empezó a jugar y a apostar, esto fue la perdición puesto que con este vicio, perdieron propiedades y plata, Ramón apostaba las casas y grandes sumas de dinero.
Desde esta época comenzaron a pasar algunas dificultades económicas en la familia, ya no se podían dar tantos lujos y cada vez los hijos eran más, pero a pesar de esta situación, él nunca dejó de leer y filosofar, hay un refrán que mi abuela siempre recuerda, porque lo expresó Ramón con rabia el día que se enteró que a la fuerza le habían arrebatado Bucaracica a los García, que dice “el mundo es un tonel de mierda”, Edilia dice que es un poco vulgar, sin embargo es la realidad en la que vivimos.
La muerte de Ramón David se dio en 1994, un año después de que un soldado asesinara a Inés Marina, una de sus hijas menores por las cuales tenían gran amor, este hecho lo sumergió en una inmensa amargura y depresión.
A pesar de todo el dolor mi abuela siempre ha vivido con una alegría y sonrisa en su cara, ella no es de las abuelas que hace galletas, es de las que prepara un ajiaco santafereño y todos los hijos regados por todo el país, como dice ella, llegan para tomarse un plato de este exquisito manjar.



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