Conociendo acerca de la vida de una samaria pescaítera
Una abuela enamorada del amor
Es una señora amigable y sencilla que vive una historia de amor envidiable y con gran dedicación a su hogar.
Por: Caroline BernierElvira Rodríguez o Villa como todos sus amigos y familiares le dicen, es una mujer de 74 años de edad, samaria, pescaítera, humilde, entregada al amor y actualmente dedicada a su casa como la mayoría de personas a su edad.
Esta dama peculiar nació el 25 de abril de 1940, siendo la tercera de ocho hermanos, de los que hoy en día, cinco de ellos se encuentran con vida, debido a que los tres sobrantes murieron y uno de ellos de tan solo año y medio falleció de una manera trágica porque sufrió un paro cardiaco al haberlo
bañado acalorado.
Villa padece de enfermedades como la presión, desde hace 10 años y de diabetes, desde hace 5 años. Posee como gran temor la soledad, pues, es una situación que la pone nerviosa, por lo que es considerada como una mujer que sabe conservar sus amistades, cualidad que demuestra teniendo a su lado amigas desde que se encontraba en la época de secundaria del colegio.
Se caracterizaba por ser una mujer que le encantaba y se gozaba todas las Fiestas del Mar de Santa Marta, lo que algunas veces la llena de nostalgia al darse cuenta que las fiestas de ahora se hallan saturadas de campañas políticas y de pocas actividades porque opina que los políticos no invierten todo el dinero presupuestado y el espectáculo ya no es como el de antes, a causa de que, anteriormente en los desfiles predominaban muchas más carrosas con gran número de reinas y todo con una mejor organización.
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Elvira Rodríguez el
día de
su graduación del colegio
|
El amor de Elvira Rodríguez
Su único y verdadero amor, del que se habla con gran sentimiento, es el señor Agustín Bernier, “él es un hombre muy noble, cariñoso, bondadoso y lo que más me gusta de él es que es muy apegado a su hogar”, expresó Villa.
Agustín y Elvira tienen una interesante historia de amor que muchos anhelan y han deseado a lo largo de sus vidas. Se conocieron en el barrio Pescaíto cuando ella tenía 15 años, “tratarlo fue emocionante, nos gustamos desde la primera vez que nos vimos y a los 3 meses de estar hablando nos volvimos novios”, manifestó la abuela.
Ambos mantuvieron una clandestina relación de noviazgo por 3 años, debido a que, la familia de Elvira no llevaba una buena relación con la de Agustín, “mi papá decía que yo estaba muy joven”, dijo Elvira. Pasó el tiempo, y al cansarse de lo mismo decidieron irse y casarse a escondidas, tiempo en el que Elvira tenía tan solo 18 años y Agustín 19, “ese día yo dije que me iba a pasar el día donde una tía. Me encontré con él en la iglesia, ya teníamos la partida de bautismo y todos los papeles para casarnos. A los 10 días de habernos casado yo le dije a Agustín ‘que la gente no diga que me fui de la casa como una cualquiera, yo me fui para la iglesia’ y pusimos un mensaje a las seis de la mañana en la radio Voz Santa Marta en el que nos felicitaron por nuestro matrimonio, porque yo sabía que ellos escuchaban esa misma radio en aquella hora, y así fue que mis papás se enteraron”, expresó Villa.
Agustín y Elvira vivían en el barrio La Esperanza y luego de tres meses, regresaron a Pescaíto, en donde se alojaron al lado de la casa de los papás de Elvira. Todo era una inconformidad de la familia de Villa para con la pareja de recién casados, hasta que un día llegó un nuevo integrante, sí, el primer hijo de Agustín y Elvira, “Agustín estaba muy nervioso, no sabía ni qué hacer”, mencionó la abuela sonriendo y recordando aquel episodio.
Gracias a la venida del bebé la familia de Elvira fue interesándose en la vida de la pareja. En un principio la abuela de Villa y luego sus papás que posteriormente hicieron las paces con ellos.
Elvira se destaca por ser la más detallista de los dos, comparándola con Agustín, valor que demostró en el día de su graduación cuando le hizo un regalo a Agustín, en ese entonces, su novio, “esa vez a cada uno de los graduados le dieron un cuadro de honor y dos fotos, en la casa yo dije que me habían dado solo una para poder darle la otra a Agustín, porque todavía nadie sabía de la relación de nosotros. Recuerdo que en la parte de atrás de la fotografía, escribí un mensaje para él que decía: ‘dedico esta imagen a mi querido novio Agustín Bernier R. para que la conserve como un recuerdo de nuestro noviazgo. Tu fiel amada. Elvira Rodríguez.’”, dijo la abuela con gran sentir.
La pareja estuvo viviendo 23 años en Pescaíto y actualmente se encuentran establecidos en el barrio Santa Catalina desde hace 48 años; esto a pesar de que Agustín tenía algunos trabajos que sólo le permitían ver a su familia cada mes. Ocupaciones que también le posibilitaban a él llevar diversos animales a la casa, “nosotros hemos tenido perros, loros, gatos, pájaros y hasta morrocoyos que según Agustín traían suerte”, expresó Villa.
La historia de sus hijos adoptados
Aparte de sus cuatro hijos legítimos, la abuela tiene dos hijos de crianza, ambos porque sus mamás en su momento, no podían hacerse cargo de ellos y los dejaron a disposición de Elvira.
Uno de ellos es Simón Bernier, hijo de la muchacha de servicio que en ese tiempo estaba laborando en el hogar de Villa, “la madre de Simón era una viciosa, una adicta a la droga, dejó al niño de apenas 10 meses de nacido. Ella se fue a trabajar en el asilo y no estuvo pendiente de él”, señaló la abuela.
Y el otro de sus hijos putativos, es Oneida Figueroa, de la que su mamá había quedado viuda con ocho niños en sus brazos, pero al contrario de la mamá de Simón, ella sí se encontraba al tanto de hija, “la niña iba a la casa con la mamá y al cabo de un tiempo se encariñó con nosotros. La mamá de la niña al ver eso y no poder mantener a todos sus hijos, nos la dejó con la condición de verla los fines de semana y nosotros encantados”, dijo Villa.
Su único y verdadero amor, del que se habla con gran sentimiento, es el señor Agustín Bernier, “él es un hombre muy noble, cariñoso, bondadoso y lo que más me gusta de él es que es muy apegado a su hogar”, expresó Villa.
Agustín y Elvira tienen una interesante historia de amor que muchos anhelan y han deseado a lo largo de sus vidas. Se conocieron en el barrio Pescaíto cuando ella tenía 15 años, “tratarlo fue emocionante, nos gustamos desde la primera vez que nos vimos y a los 3 meses de estar hablando nos volvimos novios”, manifestó la abuela.
Ambos mantuvieron una clandestina relación de noviazgo por 3 años, debido a que, la familia de Elvira no llevaba una buena relación con la de Agustín, “mi papá decía que yo estaba muy joven”, dijo Elvira. Pasó el tiempo, y al cansarse de lo mismo decidieron irse y casarse a escondidas, tiempo en el que Elvira tenía tan solo 18 años y Agustín 19, “ese día yo dije que me iba a pasar el día donde una tía. Me encontré con él en la iglesia, ya teníamos la partida de bautismo y todos los papeles para casarnos. A los 10 días de habernos casado yo le dije a Agustín ‘que la gente no diga que me fui de la casa como una cualquiera, yo me fui para la iglesia’ y pusimos un mensaje a las seis de la mañana en la radio Voz Santa Marta en el que nos felicitaron por nuestro matrimonio, porque yo sabía que ellos escuchaban esa misma radio en aquella hora, y así fue que mis papás se enteraron”, expresó Villa.
Agustín y Elvira vivían en el barrio La Esperanza y luego de tres meses, regresaron a Pescaíto, en donde se alojaron al lado de la casa de los papás de Elvira. Todo era una inconformidad de la familia de Villa para con la pareja de recién casados, hasta que un día llegó un nuevo integrante, sí, el primer hijo de Agustín y Elvira, “Agustín estaba muy nervioso, no sabía ni qué hacer”, mencionó la abuela sonriendo y recordando aquel episodio.
Gracias a la venida del bebé la familia de Elvira fue interesándose en la vida de la pareja. En un principio la abuela de Villa y luego sus papás que posteriormente hicieron las paces con ellos.
Elvira se destaca por ser la más detallista de los dos, comparándola con Agustín, valor que demostró en el día de su graduación cuando le hizo un regalo a Agustín, en ese entonces, su novio, “esa vez a cada uno de los graduados le dieron un cuadro de honor y dos fotos, en la casa yo dije que me habían dado solo una para poder darle la otra a Agustín, porque todavía nadie sabía de la relación de nosotros. Recuerdo que en la parte de atrás de la fotografía, escribí un mensaje para él que decía: ‘dedico esta imagen a mi querido novio Agustín Bernier R. para que la conserve como un recuerdo de nuestro noviazgo. Tu fiel amada. Elvira Rodríguez.’”, dijo la abuela con gran sentir.
La pareja estuvo viviendo 23 años en Pescaíto y actualmente se encuentran establecidos en el barrio Santa Catalina desde hace 48 años; esto a pesar de que Agustín tenía algunos trabajos que sólo le permitían ver a su familia cada mes. Ocupaciones que también le posibilitaban a él llevar diversos animales a la casa, “nosotros hemos tenido perros, loros, gatos, pájaros y hasta morrocoyos que según Agustín traían suerte”, expresó Villa.
La historia de sus hijos adoptados
Aparte de sus cuatro hijos legítimos, la abuela tiene dos hijos de crianza, ambos porque sus mamás en su momento, no podían hacerse cargo de ellos y los dejaron a disposición de Elvira.
Uno de ellos es Simón Bernier, hijo de la muchacha de servicio que en ese tiempo estaba laborando en el hogar de Villa, “la madre de Simón era una viciosa, una adicta a la droga, dejó al niño de apenas 10 meses de nacido. Ella se fue a trabajar en el asilo y no estuvo pendiente de él”, señaló la abuela.
Y el otro de sus hijos putativos, es Oneida Figueroa, de la que su mamá había quedado viuda con ocho niños en sus brazos, pero al contrario de la mamá de Simón, ella sí se encontraba al tanto de hija, “la niña iba a la casa con la mamá y al cabo de un tiempo se encariñó con nosotros. La mamá de la niña al ver eso y no poder mantener a todos sus hijos, nos la dejó con la condición de verla los fines de semana y nosotros encantados”, dijo Villa.
Estudios y pasatiempos de Elvira
Villa realizó su formación en primaria en el Instituto Magdalena, “en esos años yo era la que siempre recitaba poesías en todos los eventos que hacían en el colegio”, expresó Elvira.
Emprendió sus estudios de secundaria en la Escuela Normal Superior San Pedro Alejandrino, mismo colegio en el que desarrolló su preparación como docente con una duración de dos años.
La abuela recuerda con alegría sus años en el bachillerato, a causa de que recogió valiosas amistades en ese tiempo, “a pesar de los años, todavía conservo esas viejas amistades, aunque algunas se fueron a otras ciudades, aún hablo con otras de ellas”, mencionó Elvira.
En su tiempo libre Villa se dedica a la lectura de revistas, al desarrollo de sopas de letras, a leer los periódicos locales y ver realities, claro que anteriormente empleaba su espacio en otras actividades, “anteriormente yo me la pasaba haciendo manualidades y a elaborar tejidos como mochilas, tapetes, cintillos y otras cosas más”, dijo la abuela.
Aparte de lo dicho a Elvira le encanta la gastronomía de su tierra, la comida de mar. “me gusta mucho el ‘pescao’ frito como la sierra, la mojarra, menos el jurel y el cazón”, señaló Villa.
Sus trabajos
La abuela se desempeñó más que todo durante más de 28 años en la docencia, pero anteriormente tuvo una ocupación como secretaria por tres años, en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen en el barrio Pescaíto.
En sus años como profesora, la abuela dictó clases en primaria en la localidad de Sevilla, luego pasó a dar sus lecciones al corregimiento de La Isla del Rosario, Magdalena, después en el barrio 1° de mayo y finalmente se pensionó dando clases en un colegio del barrio Santa Catalina.
Sueños y sufrimientos de la abuela
A lo largo de la vida de Elvira han transcurrido diversos sucesos que provocaron en ella la visión de cumplir sueños que al haberse hecho realidad elaboran de ella una existencia feliz, “dentro de mis sueños que he tenido en toda mi vida estuvieron terminar mis estudios, casarme y tener mi hogar. Gracias a Dios cada uno de ellos son hoy lo que soy”, dijo Elvira.

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