Ciriaca María Zapata una vida de historias
La mujer más longeva de Colombia
“Ella es una señora que a pesar de no ver y su avanzada edad, no necesita mucha ayuda para hacer sus cosas, se peina sola, va al baño sola entre otras cosas más”, afirma Umaldo Bermúdez, bisnieto.
Ciriaca María Zapata nació en siglo XIX en las estribaciones de la Serranía del Perijá, más exactamente en el corregimiento de Los Tupes, al occidente del municipio de San Diego, Cesar, allí vivió durante un siglo trabajando humildemente la agricultura y la ganadería con su esposo José de Jesús Molina hasta que este falleció en 1970.
Ella describe a su único amor y esposo como un hombre al que le gustaba tomar y bailar, un tipo alegre que le gustaba mucho el trabajo de campo, de igual forma dice que era un hombre pequeño y de color moreno.
Siempre decidió quedarse en el pueblo trabajando, debido que para este tiempo no era de su agrado salir a la ciudad donde no tenía ninguna pertenencia y donde la vida de campo siempre fue de su agrado y les trataba como ella siempre había vivido, una vida de calma sin exasperación.
“Recuerdo que ella desde que tengo uso de conciencia todo lo cogía muy suave, no se preocupaba por nada, muy pocas veces uno la veía gritando o alardeando por algo, no se daba mala vida, si tenía un problema dejaba que todo se fuese solucionando a su tiempo, creo que las únicas veces que se preocupaba era cuando la comida no estaba a tiempo” comenta Álvaro Bermúdez, bisnieto.
El pueblo de sus amores
Los Tupes siempre fue el pueblo que quiso y donde vivió por cien años, hasta que sus hijos decidieron llevarla a vivir con ellos a la ciudad de Valledupar, para poderle dar todas las atenciones necesarias. Este corregimiento de San Diego, Cesar, está a 45 minutos en carro de la capital del departamento.
Este lugar ha vivido fuertes olas de violencia, la mayor de esta ocurrió cuando Ciriaca había decidido irse a vivir con sus hijos. El 30 de mayo del año 2001 se reportaba un atentado realizado por parte de un grupo paramilitar que operaba en esta zona, donde se registró el saldo de tres personas heridas y 10 personas fallecidas, en un hecho que manchó para siempre la historia de este pequeño y bello pueblo.
Zapata en los aproximados 100 años que vivió en este asentamiento de antiguos indígenas que dan el nombre al pueblo, se dedicó a la agricultura y ganadería, trabajando en un su finca con mucho esfuerzo y dedicación, donde también ayudó a criar a sus nietos e hijos quienes para ese tiempo sumaban entre estos 16.
![]() |
Ciriaca Zapata celebrando su cumpleaños
116 en compañía de sus familiares.
|
La infancia
Luego de tantos años “mama” como la conocen muchos nos cuenta cómo fue parte de su infancia cuando sus padres por culpa de la pobreza decidieron salir del pueblo donde ella nació, dejándola así con sus tíos, de los cuales al recordarlos le produce mucha nostalgia debido que estos fueron quienes la acompañaron en gran parte de su infancia y quienes a punta de ‘penca’ la hicieron la persona correcta que siempre su pueblo conoció. “Desde muy pequeña fue una persona que la vida la cogió con tranquilidad, era una muchacha que siempre estaba activa en los trabajos del campo, dispuesta a ayudar a quienes lo necesitaban y fue una persona que demostró humildad delante de todo”, cuenta Mauricia Molina nieta suya, quien relata las historias que su abuela y tíos en algún momento le contaron.
Al serle preguntada por su comida o por su actividad favorita cuando era una niña, lo primero que hace es sonreír, debido que recuerda que para esta época no contaban las mujeres con muñecas o los hombres con balones para jugar, dice ella que les tocaba inventar sus propios juguetes, ni la radio para ese tiempo les servía para entretenerse entonces hacían las muñecas con un totumo a los que le ponían tiras de los sacos y les asignaban nombres, esa era su diversión.
Al hacer referencia de su comida opina que no había nada más sabroso que la iguana y el conejo porque tenían un sabor especial. “Los conejos eran cazados por los hombres (Mis hermanos y mis tíos) y a nosotras nos tocaba ayudar en lo de la casa, haciendo el aseo, lavando, cocinando y esas cosas. La que hacía la comida más sabrosa era mi tía Elvira, de ella aprendí a cocinar. Recordándome de las iguanas, me acuerdo que una vez me iban a operar eso fue hace como 30 o 40 años algo así, ya la mente no me da para eso de los años, estaba en la sala de cirugía donde me iban a operar una hernia y cuando me colocaron la anestesia, me tocaron y yo estaba igual no había hecho nada de efecto en mí, me acuerdo que yo le dije al médico que yo comía mucho la iguana y que por eso era que no me cogía la anestesia, todos en la sala se echaron a reír y decidieron ponerme anestesia general. De esa operación salí mejor que nunca”.
Su adolescencia
Los años fueron pasando pero nadie pensaba que los de esta mujer iban a ser en mayor cantidad que todos los de su generación, los amigos iban saliendo del pueblo buscando vivir en Valledupar donde había “mejor calidad de vida” pero que según Ciriaca nada era más sabroso que Los Tupes, donde había poca gente y se podía vivir tranquilo, todos nos conocíamos, éramos todos prácticamente la misma familia. Recuerda con cariño que muchos amigos suyos nunca salieron del pueblo donde nacieron, que siempre como ella hasta que los años se lo permitieron, decidió quedarse viviendo y disfrutando del clima sabrosito y de las parrandas que a menudo se hacían en la plaza del pueblo.
Fue en esta plaza donde conocería a su único amor José de Jesús Molina con quién según cuenta desde la primera vez que lo vio le gustó, porque era un moreno, no tan alto pero sí más alto que ella, quien solo medía metro sesenta. “Era una persona muy cariñosa, le gustaba salir a tomar pero ante todo era muy trabajador, fue una persona de la que aprendí mucho porque nunca lo veías amargado siempre era riéndose y mamando gallo”.
La edad tardía
Para su edad adulta, orbitando los años 40 conoció que su padre había fallecido, fue la primera vez que decidió ir a Valledupar para asistir a la última cita con su papá pues tan solo hacía unos meses él había ido a visitarla para llevarle cosas. “Mi padre siempre fue una persona que quería mucho a sus hijos a pesar de que nosotros vivíamos la mayoría en Los Tupes y solo uno en Valledupar, él nos iba a visitar constantemente y nos llevaba panes y otras cosas que para ese tiempo allá no había y solo llegaban cuando los llevaban. Fue muy triste que mi padre falleciera porque así mi mamá estuvo muy sola y le tocó devolverse a vivir con nosotros”.
Para este tiempo ya tenía a todos sus hijos quienes la ayudaban en todo ya lo que había que hacer era esforzarse para que ellos tuvieran las cosas que ella nunca pudo tener, como lo fue el estudio; “lo primero que yo hice con mis hijos fue intentar meterlos al colegio por eso los inscribía en la única escuela que había en San Diego para esa época, a pocos padres les gustaba meter a sus hijos a estudiar pero yo sabía que las personas iban a tener mejor vida si sabían más cosas”.
Los hijos de Ciriaca siempre fueron lo más adorado por ella, dice que ahora goza de lo que goza gracias a la educación que les daba a sus hijos, “de vez en cuando había que meterle sus cuerazos para que hicieran caso, pero bueno es algo que ahora ellos e inclusive yo agradezco de haberlo hecho. El que más los ajustaba era José quien no los dejaba andar todo el tiempo vagando, siempre los ponía a hacer algo”.
Una de sus hijas, Himelda Molina cuenta con una sonrisa en su rostro que siempre fueron muy obedientes debido a los ajustes de sus padres, más que todo el de su papá. “Mi papá era quien nos regañaba y nos pegaba, por parte de mi mamá solo se encargaba de darle las quejas a mi papá, ya él arreglaba con nosotros. Mi mamá parecía que no le importara lo que hacíamos porque ella no levantaba un regaño ni una mano para pegarnos, era muy relajada”
La vejez
Los comienzos de los que serían para muchos los “últimos años de su vida” fueron muy tristes debido a que su amor eterno, fallecería para 1970, golpe que según cuentan sus hijos fue algo que en la familia dio muy duro, pues eran muy unidos.
Ya todo había cambiado a Ciriaca los años le estaban haciendo peso, cosa que no imaginaría que las fuerzas la llevarían a estar viva por el tiempo en que ninguno de sus descendientes ha logrado luchar. Muchas enfermedades hacían peso en el historial familiar, osteoporosis, diabetes, entre otras. Pero Zapata siempre fue una luchadora y nunca alguna enfermedad fue mayor que ella.
Desde el año 2002 se fue a vivir a Valledupar con sus hijos, sin lugar a dudas las atenciones eran mayores ya la vista poco a poco le iba mermando la habilidad para ver los amaneceres.
“Las hijas de ‘mama’ decidieron traerla al Valle, pues ya necesitaba atención más continua de los médicos”, comenta Genith Bermúdez, el día en que se le celebran sus 116 años de vida que seguramente serán muchos más debido a la calidad de vida que ella llevó y lleva actualmente.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario