Ver
la vida con una perspectiva
Un lugar poco visitado por los samarios, sin imaginarse
que será un momento inolvidable.
Por Juditza Fuenmayor
Esos días que llegas a clase
como cansada, adolorida y sin ganas de hacer algo, con la expectativa que te
van a llevar a un sitio que no tienes idea de cómo será y cómo te sentirás,
pensar que va a ser cansón, aburrido y sin la menor disposición de caminar,
luego de ir una cuadra después de la universidad y mirar que es un cerro,
quedarte con la sensación de dolencias en el cuerpo cuando ni siquiera lo has
comenzado a subir.
Emprender el camino con la
mayor pereza del mundo, peguntarte ¿Para qué subir esto?, ir con tus compañeros
conversando de la manera más satisfecha y sin darte cuenta ir olvidando la
pereza, el dolor y el cansancio, empezar a disfrutar esa caminada, riendo,
compartiendo, gozando y ver que cada vez que subes más sientes una sensación
demasiado extraña que ni tú mismo te explicas qué será.
Sentarte en la terraza de la
Virgen de la Milagrosa y mirar esa hermosa ciudad, olvidarte de los problemas y que el resto del mundo existe, solo concentrarte en
ti y ese hermoso lugar con esa vista que es imposible no admirarla, comenzar a
sentir esa brisa recorrer tu cuerpo de la forma más delicada y agradable
que puede existir, tener tranquilidad, estar alejado de lo que existe, de lo que te perturba,
de algunas cosas que te esperan en todo
el día, reflexionar sobre lo bella que es la vida y lo poco que como personas
aprovechamos, que no miramos más allá de lo que podemos ver y sentir.
¿Sabes qué es lo más
hermoso?, ver ese amanecer, ese sol resplandeciente y tan amarillo que te causa
una sensación de paz, con ese hermoso color iluminar las casas y el mar de
forma especial y hermosa, quedarte con la duda de que si así se ve de mañana cómo
se verá en las noches, cuando recae la luna
y empieza a escurecer de modo lento y agradable, solo queda en la
imaginación de cómo será.
Pocos samarios lo suben,
porque piensan de la misma forma como lo describí al principio, no miran más
allá de lo que pueden ver y admirar, no pensamos en la satisfacción, la
comodidad, el amor y el cariño que eso
nos da en el momento de estar frente a la Virgen de la Milagrosa, es uno de
esos lugares que uno menos cree que nos va inspirar algo y hacer sentir algún
sentimiento por el estado como está y la suciedad impresionante que tiene y más
que todo por la inseguridad que ese lugar presenta.
En la vida hay momentos en que no queremos
saber nada de nadie y concentrarnos en nosotros, en la vida que llevamos y lo
que queremos para ella, eso lo inspira ese lugar, solo con quedar mirando el
mar y ese sol recaer sobre tu rostro y sentir la brisa, colocarle la imaginación que tú quieras a la vida, que
nadie podrá opinar y decir que no es así como te la imaginas y la interpretas.

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