jueves, 24 de abril de 2014

Fuenmayor Juditza, Cerro El Cundí

Una llegada al paraíso
Ver la vida con una perspectiva

Un lugar poco visitado por los samarios, sin imaginarse que será un momento inolvidable.

Por Juditza Fuenmayor

Esos días que llegas a clase como cansada, adolorida y sin ganas de hacer algo, con la expectativa que te van a llevar a un sitio que no tienes idea de cómo será y cómo te sentirás, pensar que va a ser cansón, aburrido y sin la menor disposición de caminar, luego de ir una cuadra después de la universidad y mirar que es un cerro, quedarte con la sensación de dolencias en el cuerpo cuando ni siquiera lo has comenzado a subir.

Emprender el camino con la mayor pereza del mundo, peguntarte ¿Para qué subir esto?, ir con tus compañeros conversando de la manera más satisfecha y sin darte cuenta ir olvidando la pereza, el dolor y el cansancio, empezar a disfrutar esa caminada, riendo, compartiendo, gozando y ver que cada vez que subes más sientes una sensación demasiado extraña que ni tú mismo te explicas qué será.


Sentarte en la terraza de la Virgen de la Milagrosa y mirar esa hermosa ciudad,  olvidarte de los problemas y que el  resto del mundo existe, solo concentrarte en ti y ese hermoso lugar con esa vista que es imposible no admirarla, comenzar a sentir esa brisa recorrer tu cuerpo de la forma más delicada y agradable que   puede existir, tener tranquilidad,  estar alejado de lo que existe, de lo que te perturba, de algunas  cosas que te esperan en todo el día, reflexionar sobre lo bella que es la vida y lo poco que como personas aprovechamos, que no miramos más allá de lo que podemos ver y sentir.
 
¿Sabes qué es lo más hermoso?, ver ese amanecer, ese sol resplandeciente y tan amarillo que te causa una sensación de paz, con ese hermoso color iluminar las casas y el mar de forma especial y hermosa, quedarte con la duda de que si así se ve de mañana cómo se verá en las noches, cuando recae la luna  y empieza a escurecer de modo lento y agradable, solo queda en la imaginación de cómo será.

Pocos samarios lo suben, porque piensan de la misma forma como lo describí al principio, no miran más allá de lo que pueden ver y admirar, no pensamos en la satisfacción, la comodidad, el amor y el  cariño que eso nos da en el momento de estar frente a la Virgen de la Milagrosa, es uno de esos lugares que uno menos cree que nos va inspirar algo y hacer sentir algún sentimiento por el estado como está y la suciedad impresionante que tiene y más que todo por la inseguridad que ese lugar presenta.

 En la vida hay momentos en que no queremos saber nada de nadie y concentrarnos en nosotros, en la vida que llevamos y lo que queremos para ella, eso lo inspira ese lugar, solo con quedar mirando el mar y ese sol recaer sobre tu rostro y sentir la brisa, colocarle  la imaginación que tú quieras a la vida, que nadie podrá opinar y decir que no es así como te la imaginas y la interpretas.



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