Se trabaja duro
Amante a su profesión
José Rodríguez un hombre trabajador, a pesar de que nunca pudo estudiar
lo que quiso, da todo el para salir adelante cada día.
Por
Lina Barreto
Cada mañana, José
sale ilusionado con nuevos proyectos, retos y
excelencia hacia su trabajo para cumplir otro día más. Un albañil de 55
años de edad que siempre quiso estudiar ingeniería industrial, pero su
situación económica no lo permitió.
Comprometido con su
esposa, la mujer que siempre estuvo ahí en las buenas y en las malas apoyándolo
para que pudieran salir adelante juntos. Tienen tres hijos dentro de su hogar.
Para él sus retoños son el más grande tesoro. Lucha por ellos diariamente y les
brinda tódo lo que no pudo tener el.
De niño, en su casa
había una difícil situación económica y tuvo que recurrir a buscar trabajos
para comer, estudiar y ayudar a sus padres para así sostenerse día a día.
Uno de los momentos más
trágicos de su vida cuando fue su primer hijo murió a causa de una fiebre muy
alta, lo llevaron de urgencias pero era demasiado tarde llegó sin signos
vitales.
Por los golpes de la
vida, sus sueños se han ido desvaneciendo, pero no los de sus hijos. Él trabaja
para que ellos realicen la vida profesional, la que él no pudo alcanzar.
Como desde pequeño se
dedicó acompañar a su padre en el oficio de albañilería, fue aprendiendo y
desempeñándose como albañil. A medida que fue pasando el tiempo, ya trabajaba
por si solo y fue creando su propia empresa, lo que es hoy en día.
Rodríguez recuerda
que su primer trabajo fue el arreglo de un baño, donde se fue solo sin su
padre. Dice que tenía nervios pero confió en Dios y lo hizo bien. Hoy en día es
fácil encontrarlo haciendo albercas subterráneas, trabajando con un ayudante.
Así como la ciudad ha crecido en infraestructura, de igual forma ha crecido la
demanda como albañil para construir y reparar daños.
José es un hombre
moreno, contextura mediana, manos fuertes como las de un oso, pelo negro liso,
muestran luz radiante en sus ojos, sus cejas son pobladas y le marcan toda la
forma a sus ojos. De pómulos salientes y quijada fuerte, características que
denotan la rudeza de sus 90 kilos de peso.
Para finalizar, el
mayor anhelo de José Rodríguez es nunca perder la fe, ni las fuerzas y las
energías para trabajar, pues de ellas depende el futuro para seguir luchando
por los hijos y sus sueños.
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