jueves, 10 de abril de 2014

Andrade Freddy, Entrevista de Oficio

La vida en la prostitución

Una vida de “cenicienta” sin príncipe azul


La breve historia de una mujer, quien su trabajo la golpeó y la ultrajó 


Por Freddy Andrade

Todo comenzó en un día soleado en la ciudad de Santa Marta, me dirigía a mi rutina de ejercicios normal de todos los días. Como es costumbre, la buseta hacia el Rodadero dobla por la calle 10 del centro de  Santa Marta cuando decidí bajarme a entrevistar a una mujer la cual ejerce el oficio más viejo del mundo y que ataca más a la dignidad de una mujer, era una prostituta. 

Esta mujer, la cual le pondremos el sobrenombre de “cenicienta” ya que su historia comenzó como una pequeña historia de hadas la cual con el paso del tiempo se volvió escalofriante.
La “cenicienta” es una mujer de 39 años que vive por los lados de la calle 10 de Santa Marta, es de contextura delgada y cabellos negros, es evidente que todos los años en este oficio han hecho mella en su cuerpo y su vida. Ella cuenta su historia, que inició su etapa de la prostitución a la edad de los 12 años, cuando su madre la obligó a acostarse con un hombre desconocido que le ofreció dinero a cambio de la dignidad  de la joven.
En su infancia y parte de la adolescencia vivió con su madre, hasta cuando tuvo 17 años pues la señora murió de cáncer; fue entonces que se dio cuenta de que en su vida apenas comenzaría el infierno tormentoso que ha vivido hasta ahora. Decidida a los 17 años a cambiar su existencia, conoce a un joven que le promete mil y una maravilla, como dice la frase “el amor es ciego” esta cenicienta cayó atrapada de las ilusiones que le había prometido este hombre, creyendo en él, decide decirle toda la verdad de su infancia y ese pasado horrible que vivió al lado de su madre.
Este hombre al escuchar todas esas historias que esta cenicienta vivió en su pasado, en vez de consolarla decide obtener frutos con el talento y la dignidad de esta joven, al darse cuenta de que ella era una joven inocente, y quien era muy fácil de engañar y convencer, decide hacer un plan para que esta pequeña joven comience a venderse a sus amigos y así el obtener dinero y provecho de lo que ella puede ofrecer.
En un día común cuando un joven sale de la habitación de la joven satisfecho de lo que había culminado, habla con el novio de esta para poderla comprar a un precio exorbitante y el cual lo dejaría con mucho dinero en sus bolsillos, el novio acepta sin duda alguna el mejor negocio de su vida y la cenicienta comienza su camino  en el oficio más viejo del mundo llamado la prostitución, ya que el que la había comprado era un proxeneta que tenía un puesto para satisfacer las necesidades sexuales de los hombres ubicado en la calle 10 de Santa Marta.  
Como dice la mujer de este cuento “yo era una joven muy hermosa, de buen trasero y con una cara hermosa estaba en la mejor etapa de mi vida”, al principio el proxeneta cobraba por ella la cantidad de 100 mil  pesos (en los años 1993) después cuando se dio cuenta de que la cenicienta tenía talento para este oficio empezó a cobrar más a sus clientes, ella relata “cuando él se dio cuenta de que los clientes salían alegres conmigo, comenzó a cobrar de 150 hasta 200 mil pesos por una noche de placer conmigo”.
Vivió una experiencia que la tomó por sorpresa a sus 26 años, comenzó a vomitar en el baño en una de las habitaciones donde ofrecía sus servicios, pero esta pensó que era un pequeño mareo por las drogas que tomaba para no quedar embarazada a la hora de tener relaciones con los hombres, con el paso del tiempo los vómitos venían más frecuentes y en ese momento acudió al médico a revisarse, este le da una de las noticias que cambiaría su vida para bien o para mal en esos momentos, le cuenta que estaba embarazada.
“Ese fue el momento en el que debí no solo pensar en mí, sino también en alguien más”, cuando el proxeneta se entera que su prostituta estaba embaraza la amenaza “o te lo sacas o no trabajas más conmigo” esta cenicienta al ver que iba perder el empleo que le daba de comer decide abortar, pero al llegar al lugar donde lo iba hacer se da cuenta que está cometiendo una locura y decide tener y cuidar a esa criatura, la cual no tenía la culpa de todo lo que había pasado.
Dispuesta a cambiar su vida por el niño que venía en camino comienza a vender por la calle confites y caramelos, pero cuando la niña nació se dio cuenta de que no la podía sostener, así que volvió a retomar su oficio y hasta el día de hoy lo sigue ejerciendo, porque entre lágrimas me dijo “yo no le he contado a mi hija de mi vida y creo que nunca lo haré para que ella no pase por lo mismo que yo pasé; por eso me esfuerzo todos los días porque ella es lo único bueno que la vida me dio”.
Algunas veces no apreciamos lo que tenemos y la vida que Dios nos regaló ¿Qué es lo que de verdad apreciamos?, ¿Qué es lo que de verdad importa? Esas son las preguntas que nos deberíamos hacer, porque me di cuenta de que una mujer aprecia más su vida, que muchos.

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