Con 79 años y aún sigue luchando
Se caracteriza por ser un poco terca y llevada por su parecer, pero amante a la vida, a sus hijos y a sus nietos.
Por: Heidy Arzuza
Libia Cuartas Monsalve nació el 15 de abril de 1935 en Medellín, la capital de Antioquia en el sector de la carrera Bolívar con Manizales, actualmente la calle 65 de la cuidad de la ‘Eterna Primavera’, un barrio centralizado y residencial en esta capital.
Nació en el hogar de Félix Antonio Cuartas Tabarez y Elvira Monsalve Casas una familia de cuna, con 13 hijos siendo ella la quinta de los hermanos, quienes después de la muerte de su padre tomaron rumbos distintos, unos salieron de la cuidad y las mujeres como ella se quedaron con su madre ayudándola económicamente y estudiando lo que la vida les pudiera brindar.
Cuenta la abuela que la muerte de su padre fue un antes y un después en su vida, y cree que en la vida de todos en su familia, fue una desgracia, que a causa de esta la hizo mal casar con un hombre que nunca quiso, pero a pesar de eso tuvo 5 hijos, 16 nietos y 11 bisnietos con él, sin embargo, su gran amor, que aún recuerda, fue un chico del barrio; Darío Botero, bien vestido, de buena familia y costumbres con ínfulas militares con el cual su padre siempre llevó gusto.
Tuvo hermanos militares, aviadores y hasta monjas, porque una de las hermanas menores y consentidas se metió en el convento por influencia de su madre, que aunque no tuvo los mejores tratos ni la misma consideración con todos sus hijos no la culpan por su comportamiento con ellos, puesto le tocó muy pesado después que su padre falleciera.
Infancia feliz
La niñez fue la mejor época de su vida, tenía a sus padres, sus hermanos, tenía lo que quería, siempre con principios y valores, todos los domingos iban a la iglesia, bien vestidos, pues era una de las mejores familias de Medellín. Su mamá les confeccionada el vestido a ella y a sus hermanas y se los mandaba a la modista y casi todos los domingos era un vestido nuevo para ir a misa, su padre era muy consentidor los dejaba jugar con sus vecinos y con un chiflido los hacía entrar a las 6 de la tarde a la casa.
La abuela hasta los 5 años fue una niña sana, después de ahí empezó a tener problemas auditivos, muchos dolores de cabeza y traumas, a los 6 años fue intervenida por primera vez quirúrgicamente; cirugía que la traumatizó a ella y a su familia, esperando un resultado positivo el cual ella pudiera seguir una vida normal.
Después de este suceso, a los 6 años volvió al colegio con cuidados especiales, pero los dolores no cesaron y siguieron, esto hizo que realizara hasta tercero de primaria en la escuela de monjas de Medellín, de ahí fue sacada por su padre quien la puso con una institutriz para dar clases en la casa, ella, a pesar de sus dolores siempre fue amante a la buena lectura y a la escritura.
Trató de sobrellevar la enfermedad auditiva con ayuda de sus padres, sin embargo, sus estudios y su vida siguieron en desarrollo a pesar de los dolores que la aquejaban, tenía problemas y peleas con sus hermanos como todos. Para salir o ir algún evento de la iglesia o baile de un amigo tenía que ir con su hermano mayor y el permiso solo era hasta las 8 de la noche, y su traje era de bolero, guantes y sombrero, y si había baile, el parejo estaba a casi veinte centímetros de distancia, si había la música era un bolero bien calmado.
A dolencia estable
Cuando cumplió la edad de los quien años, llegaron consigo una serie de responsabilidades porque ya no la cuidan a ella, si no que ella tenía que cuidar a los hermanos menores y hacerse responsable de algunas cosas en la casa cuando los padres no estaban.
A pesar de su corta edad y de no haber podido estudiar en un colegio normal como los demás o como sus hermanos, tenía estudios adelantados, donde sumar, leer y escribir era lo más importante. Soñaba con estudiar administración y su padre la apoyó con este nuevo propósito, aunque un poco dudosa porque su madre no confiaba en sus capacidades pues creía que la cirugía la había dejado un poco loca y desubicada
No obstante a eso, en ese mismo tiempo empezó a descubrir qué era el “verdadero amor” era un chico del barrio criado casi con las mismas costumbres, claro un poco más pudiente que ella, pero muy humilde, ese era Darío Botero el consentido de su familia y el joven más apuesto de la cuadra, y lo mejor era que él también llevaba gusto con la abuela Libia.
Por cosas de la vida se empezaron a conocer y duraban horas hablándose con la mirada mientras el cura hacía la misa todos los domingos, o si no, ella se colocaba en la ventana de su casa y él en la suya y podían pasar días y solo para ellos bastaba estarse mirando a los ojos, pasaron muchos meses, para que ellos pudiesen dirigirse la palabra, pero ambos a pesar de lo que sentían seguían sus vidas, él en su colegio de sacerdotes y ella en la casa con su institutriz y sus obligaciones.
Cuando cumplió la edad de los 17 años, todo era estabilidad y armonía en su casa, pero por fin se le hizo realidad su mayor deseo hasta el momento que fue poder hablar con Darío por primera vez y conocerse, o bueno, conocer cómo era su voz o qué lo hacía tan interesante como hombre.
Su padre cuando se enteró del gusto que ella llevaba por el chico y como era su consentida permitió que él la visitara una vez a la semana, y la visita era en la sala, a las cuatro de la tarde hasta las seis, entre ellos no pasó más nada que solo hablar y mirarse a los ojos, nunca hubo un roce de manos, y mucho menos, uno de labios, siempre el respeto y la distancia prevaleció entre los dos.
Pasó el tiempo y la salud de su padre no dio espera y todo lo que durante años había sido estabilidad y armonía, poco a poco se fue derrumbando, su padre cayó en crisis con problemas del corazón, fue algo que se manejó con disimulo y tranquilidad pero sufrir del corazón es una muerte lenta, pero que algún día ataca con toda y termina arrancándole la vida a la persona.
Al mismo tiempo que su familia enfrentaba la enfermedad de su padre, ella también enfrentaba el alejamiento que propuso la familia de Darío al mandarlo a Manizales a que estudiara aviación, cuando ya ellos habían hablado y pensado en matrimonio, la familia Botero solo pensó en un bien para el chico y que éste buscara una alternativa más clara en la vida y con la nueva oportunidad de estudiar una carrera que muy pocos podían estudiar.
Para la abuela Libia, afrontar estas dos desgracias como las llamó ella, fue un golpe muy duro pues su padre era el hombre y la persona que ella más amaba en el mundo y Darío era el chico con el que ella soñaba porque veía en él reflejado todo lo que había sido su padre con su mamá y con ellos sus hijos.
Un cambio drástico, la adultez
Después de la separación que se dio entre ella y Darío Botero, transcurrió un tiempo, puesto que para ella no era nada agradable todos sus días eran solos, y la tristeza día y noche la consumía en su habitación, a pesar de todo esto su vida siguió normal y las cosas en la casa estaban estables, sobre todo con la enfermedad de su padre.
Transcurrido el tiempo, cumplió la edad de 21 años, edad que no le favoreció mucho, pues ella hubiera querido que no llegara nunca esa edad, para estos tiempos ser mayor de edad era llegar a estos años, en ese mismo tiempo ocurrió la peor desgracia de su vida, y el motivo por el cual su vida hoy fuera como es.
Muerte de su padre
Este suceso marco a la abuela Libia para toda su vida, era el amor de su vida y el hombre que jamás la traicionaría, el hombre que ella vio prácticamente como su dios, su padre fue lo mejor de su vida, pasaron meses, día y noche llorando la muerte de su padre.
Para este tiempo todo en su casa se convirtió en un caos total, pues su madre se quedó sola con 13 hijos y uno de brazos, una casa inmensa y deudas qué pagar, su madre tuvo que mandar a los mayores a trabajar y los que estaban estudiando dejaron de hacerlo o seguir con mucho esfuerzo, su padre era la estabilidad económica y la armonía de la casa.
Algunas de sus hermanas en ese mismo tiempo les tocó casarse e irse de la casa, no podían estar ahí, y si lo estaban tenían que trabajar para ayudar a sus hermanos menores y a su madre, la abuela Libia, por su enfermedad, no pudo seguir estudiando administración, le tocó dejar su sueño congelado porque no había con qué, y no corrió con la misma suerte de sus hermanas de poder escoger con quién casarse, pues su madre eligió por ella.
Su cosecha, matrimonio
Le presentaron un tipo, no sé de dónde lo pudieron haber sacado, un hombre moreno muy moreno, para no decir que negro, de vestimenta casual, eso sí que era de porte alto un tanto simpático, cuando lo vio no le simpatizó mucho, pero era de buena familia, y la familia podía ayudarle a su madre, a sus hermanos e incluso a ella misma, para que pudiera salir adelante.
Pasó el tiempo, unos 6 meses, un año, tiempo que ambos se tomaron para conocerse y en ocasiones salir a bailar, por en ese tiempo estaba la salsa en todo su esplendor, este señor bailaba regio y fueron una de las cosas que poco a poco a ella le llamaron la atención.
En ese momento, a los oídos de su mamá llegó la noticia que ella no era señorita porque el tiempo que había pasado conociendo a Jesús Mora ya había estado con él, para su madre fue muy poco agradable esta noticia aun sabiendo que había sido ella, la que los había presentado, al darse cuenta de esta situación hubo un enfrentamiento entre la abuela Libia y su madre por aclarar lo sucedido; pero la verdad era una sola, y era que ella jamás había estado con Jesús Mora, hoy en día mi abuelo
Su madre se dejó dañar el oído como quien dice, no le creyó nada y prefirió creer y aceptar que su hija no era señorita para hacerla casar y enredar con la familia Mora Álvarez.
Tiempo después llegarían todos los preparativos de una boda que no se quería consumar por parte de la abuela, puesto que para ella no era justo casarse con alguien a quien ella no quería y mucho menos casarse por una mentira, una vil farsa, la cual la hizo tan infeliz, pero a la misma vez tan feliz porque esta unión dejo una cosecha de 5 hijos y a su tiempo 16 nietos y 11 bisnietos.
Una lucha, sin fin
A los 6 meses de haberse casado con Jesús Alberto Mora Álvarez, quedó embarazada de su primer hijo Félix Alberto Cuartas Mora, a los 8 meses después volvió a quedar embarazada de su segundo hijo Jesús Mora Cuartas, mientras pasaba su barriga y todos los malestares que esta traía, el señor se levantaba desde muy temprano se cambiada y se iba y solo traía el dinero por la noche y tras de eso llegaba borracho.
Hay es cuando su vida se convirtió en un verdadero desastre, y lo peor de todo fue la mala vida que le dio este señor, y las desgracias no paraban, ahí los golpes también hacían parte de este paquete que no venía incluido cuando se casaron. Todo empezó a deformarse y tomar un rumbo distinto.
A pesar de los malos tratos, golpes y el hambre que pudo haber pasado por culpa de su esposo, volvió a quedar embarazada y esta vez, no un tanto muy gustoso el señor, porque fue una niña, Ruth Berly Mora Cuartas, la tercera de esta unión que no llegó en el mejor momento, pero aun así fue recibida y por ende criada…
Todo seguía igual, nada cambiaba, ahora todo era más complicado, eran tres bocas que alimentar, y aguantar malos tratos y se le suman las infidelidades por parte de este señor, pero tuvo que pasar un año más para que la abuela volviera quedar en embarazo y esta vez nuevamente de un varón, Juan Carlos Mora Cuartas.
Para tener su quinto y último hijo, no se dio espera a pesar de las peleas y la situación, quedó embarazada nuevamente y esta vez no fue muy agradable pues el abuelo Jesús no quería tener otra hija, pero fue lo que Dios le mandó y fue Mónica Mora cuartas, la última de los hijos y la que tenía más parecido a su papá, aunque solo lo hubiera visto unos meses de vida.
Separación
Cuando su hijo el mayor tenía 4años y la última solo tenía meses, la abuela Libia tomó la dura decisión de separarse de este hombre que por fortuna le había regalado cinco hijos, pero a la misma vez la había hecho un tanto infeliz y por todos y cada uno de los momentos de infelicidad que la hizo pasar.
Esta separación trajo consigo que la abuela Libia buscara de alguien quien le cuidara sus hijos para ella poder salir a trabajar para poder mantener cinco bocas que por cierto no era nada fácil, poder trabajar sin haber aprendido una carrera profesional, pagar arriendo, comida, y mantener a sus hijos y a ella misma.
La solución fue una tía de parte de papá que encontró para que cuidara de sus hijos, mientras ella armaba viaje para Venezuela, aventurando para ver si allá encontraba algo mejor, pues en ese entonces el país vecino ofrecía buena demanda de trabajo, preparó todo para realizar este viaje y como pudo, dejó a sus hijos bien instalados, estaban muy pequeños para que su madre los dejara al cuidado de otra persona.
Estando una vez instalada en Venezuela empezó a trabajar en una cocina, donde le pagaban muy bien por sus servicios. Ahí hay podía sacar para sostenerse, pagar el cuarto donde dormida y el resto de plata poder mandarlo a Colombia- Medellín donde estaban sus hijos.
Pasaron los meses y ella solo dedicada a trabajar y trabajar y solo sabía de sus hijos por teléfono cuando llamada a su tía, quien para ella todo andaba marchando muy bien, los niños creciendo juiciosos, mientras tanto ella concentrada en ahorrar todo el dinero que podía para que cuando se quisiera regresar poderles brindar algo mucho mejor a sus hijos. Llego Diciembre y ella no pudo viajar por su trabajo, algo que no podia dejar tirado por compromisos y más que era una fecha muy bien pagada.
Con parte del dinero que había recolectado de todos los meses de trabajo, salió y les compró ropa, zapatos y juguetes a sus cinco hijos y les mandó todo lo que les había comprado a Colombia, para que a sus hijos no les faltara nada.
Cuando por fin llegó enero, decidió regresar a Colombia con la ilusión de encontrar a sus hijos grandes, bien cuidados y sobre todo adelantados en sus estudios; pero la sorpresa fue otra cuando el avión por fin llegó a tierra antioqueña, encontró con que sus a hijos los mantenían encerrados en un cuarto, la plata y la ropa y mucho menos los juguetes que ella les había mandado nunca se los entregaron, el tiempo que ella duró por fuera nunca los mandaron al colegio, estaban delgados casi con síntomas de desnutrición, porque a veces solo los alimentaban dos veces al día, si a la tía le daba la gana de darles comida.
Este problema la abuela Libia lo llevó hasta las últimas consecuencias, pues fueron sus hijos los que sufrieron este trauma por ella haberlos dejado solos y la tía malvada por todas las maldades que les hizo.
Nueva vida
Gracias a Dios el dinero que ahorró con el trabajo en Venezuela le alcanzó para recuperar a sus hijos, y tomar la dura decisión de cambiarse de cuidad y buscar nuevos horizontes y un trabajo que le diera para mantenerlos a todos, puesto que desde que ella se separó nunca más volvieron a saber del señor Jesús.
A ojo cerrado y con ayuda de una amiga, decidió marcharse para Cartagena de Indias, donde logró poner a sus hijos en un colegio, y ella buscar en qué trabajar para poder sostener la casa y a sus hijos.
Largo tiempo
Con miles de dificultades y adversidades, sus hijos alcanzar la adolescencia, para esto pasaron más de 12 años viviendo en Cartagena, cuidad que a cogió a seis antioqueños luchadores que la dieron toda para salir adelante y la abuela siempre luchando por sus hijos que nunca más los volvió a dejar solos.
Después de un tiempo las cosas no se pusieron muy buenas y ella nuevamente decidió cambiar de cuidad y emprender una nueva vida, ahí fue cuando tomó la decisión de vivir en Santa Marta.
Llegaron a la cuidad de la bahía más hermosa de América, al barrio Gaira donde con los pocos ahorros que tenía, montó una heladería, que con el tiempo se convirtió en la mejor heladería que pudo haber tenido toda Santa Marta, de ahí saco a sus hijos adelante y ponerlos a estudiar en los mejores colegios públicos y mandar a los mayores a estudiar en la Universidad Nacional y a la de Antioquia.
Desde ahí sus hijos crecieron, se hicieron todos unos hombres y mujeres de bien, que al pasar de los años encontraron sus buenas esposas y esposos, dejándola a ella sola en su casa, porque más nunca se volvió a casar, puesto que solo se dedicó a criar a sus hijos y sacarlos adelante para que hoy en día fueran lo que son y solo quedara ella con visita todos los domingos en su humilde morada.

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