miércoles, 30 de abril de 2014

Suárez Andrea, Parque El Cundí

En un rincón de Santa Marta se deleitan con la naturaleza del parque Cundinamarca
Día y noche, dos escenarios en El Cundí

Reflexionar, disfrutar y tener un contacto íntimo con la naturaleza, es algo que se puede lograr en este sitio cubierto por un cúmulo de árboles y  estos, a su vez, cubiertos y resplandecidos por el radiante sol.

Por: Andrea Suárez 




En la cotidianidad, para los transeúntes,  pasar por parque El Cundí se ha convertido en un privilegio, sentir la brisa que estremece cuerpos y llenar de paz y tranquilidad corazones, es algo que, según sus habitantes, en él se logra vívida e instantáneamente.

Este sitio fue instaurado como parque, durante el poder administrativo de Rodrigo E. Vives  el 12 de Agosto de 1948. Desde esa época son muchas las transformaciones que se pueden mencionar sobre El Cundí no solo en su infraestructura, sino en su ambiente y habitantes. Sin embargo, es satisfactorio encontrar personas que transfieren de generación en generación la evolución de este lugar, cada día con más popularidad entre los samarios.


Tal popularidad no se conoce precisamente con el nombre verdadero del parque, sino como El Níspero, esto se debe a partir de la fundación del primer estanco ubicado alrededor del parque. Pero suele suceder que la imaginación de aquellos que desconocen el tema, vuele a tal punto de visionar un frondoso árbol de níspero.

Antes del cálido y reluciente atardecer samario y a vísperas de la luna, la escena del parque El Cundí la componen niños corriendo de extremo a extremo, recreándose en las atracciones de éste, a pesar del visible detrimento que ha sufrido por el uso inadecuado que le dan personas inconscientes y con muy poco sentido de pertenencia.

Parque Cundinamarca de la ciudad de Santa Marta
Tales usos son respectivamente los menos favorables y óptimos para aquellos que residen alrededor del parque. Desde aproximadamente 28 años, el lugar ha tomado, en el escenario nocturno, envuelto por brisas frígidas y estremecer de los tupidos árboles,  un ambiente clandestino investido por el alcohol, música, rumba y se presume que también, de drogadicción.

Contribuyendo a esto, se han establecido junto al parque, estancos y estaderos ya sea para consumir en ellos o distribuirse por El Cundí aprovechando que éste tiene la forma de un rombo y posee 27 bancas a disposición de los ciudadanos.

A raíz de lo anteriormente mencionado, se han ido presentando quejas por los  disturbios entre personas ebrias que se exceden en el volumen de la música, afectando directamente a los residentes del barrio aunque, algunas como Alicia Manjarrez, quien habita frente al parque hace 60 años,  aseguran que a medida que pasa el tiempo el oído se acostumbra al ambiente de El Cundí por las noches cargado de fuertes emociones.

En relación con esto, la Policía ha realizado una excelente labor, tal y como afirman las personas que frecuentan el parque, con respecto al orden y adecuado comportamiento de aquellos que visitan El Cundí normalmente y durante festividades como el carnaval y Fiestas del Mar.


En fin, el parque cada día adquiere mayor divulgación y valor por el significado histórico que éste representa para la ciudad de Santa Marta. Es importante entonces, que las personas que concurren al Cundí se concienticen y reflexionen sobre la majestuosidad que los rodea, árboles, rayos brillantes de sol entre las ramas que alumbran y a su vez cubren la diversión y risas de niños. Y, por las noches, la luna alumbra y demuestra la estética y esencia de la naturaleza, iluminando cada rostro adulto en busca de su diversión y esparcimiento. 

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