La
guerra del centavo en Santa Marta
“Todos los días son difíciles y diferentes”, Gulfran
Bahoquez
He
conducido buseta desde los 20 años para sostener a mi familia y poder comprarme
lo que desee.
Por
Iván Escorcia
No fue nada fácil para él,
haber dejado su tierra desde muy temprana edad, por los continuos problemas que
sostenía con su padre, por culpa del alcohol que en esa etapa de su vida estaba
acabando con su vida. Sí, es muy complicado irse a vivir con la familia de un
tío muy cercano que él tenía y muchas veces aguantando “caras” por parte de los
hijos de su tío Carlos y también de parte de su mujer que en continuas
ocasiones, no le servía las comidas a tiempo para demostrarle a Gulfran el
desaprecio que le tenía.
Comencé a manejar buseta por
casualidad, cuando un día mi tío Carlos me llevó a que trabajara con él, para
que supiera lo difícil que es la vida y cómo es que se gana uno el pan de cada
día; la buseta se varó y él me pidió que acelerara mientras él estaba en la
parte de debajo de la buseta arreglando unos cables que se habían soltado. Fue
en ese momento que mi tío me comenzó a explicar todas las funciones por decirlo
así que tiene un carro y cómo era que yo debía utilizarlas para ser un buen
conductor en el futuro.
Hablando un poco de mis comienzos en la
buseta, me daba pena pedirles a los pasajeros el pasaje porque muchas veces se
les olvidaba o se las tiraban de vivos para ver si a mí se me olvidaba
cobrárselos y cuando los amigos de la cuadra o del pueblo se montaban, no los
miraba a la cara ni volteaba para que ellos no se dieran cuenta que era yo el
cobrador.
Poco a poco fui ahorrando y
con eso logré sacar la licencia de conducción para poder manejar la buseta y
así poder mudarme donde vivía porque ya
estaba cansado de las humillaciones a la que era sometido por parte de la
familia de mi tío. De ahí conocí a una mujer con la que me fui a vivir al
barrio la Concepción II, y que actualmente es la madre de mis tres hijos y que
gracias a Dios hemos podido salir adelante a pesar de los inconvenientes que se
nos han presentado a lo largo de la
vida.
Recuerdo que un día, cuando
inicié en la conducción de buseta de servicio urbano un señor no me quería
pagar y me tocó llamar a la policía mientras todos los pasajeros que se
encontraban en el interior de la buseta veían el percance con el señor.
Manejar buseta no es fácil, porque
constantemente tienes que estar concentrado en lo que estás haciendo para no
cometer errores ni imprudencias, que muchas veces causan accidentes que puedan traer muertes y que sería feo
pensar que fue por culpa tuya.
Convivir todos los días con
la guerra del centavo, es algo que trato de sobrellevarlo para mantener un
equilibrio tanto emocional como físico, porque me he dado cuenta que si me
coloco a correr por querer coger un pasajero
podría ocasionar un accidente y
es lo que menos quiero. La salud de los pasajeros es lo primordial en
esto de conducir. Eso siempre lo he tenido presente cuando estoy en mi labor.
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