jueves, 24 de abril de 2014

Escorcia Iván, Entrevista de Oficio

La guerra del centavo en Santa Marta
“Todos los días son difíciles y diferentes”, Gulfran Bahoquez

He conducido buseta desde los 20 años para sostener a mi familia y poder comprarme lo que desee.

Por Iván Escorcia

No fue nada fácil para él, haber dejado su tierra desde muy temprana edad, por los continuos problemas que sostenía con su padre, por culpa del alcohol que en esa etapa de su vida estaba acabando con su vida. Sí, es muy complicado irse a vivir con la familia de un tío muy cercano que él tenía y muchas veces aguantando “caras” por parte de los hijos de su tío Carlos y también de parte de su mujer que en continuas ocasiones, no le servía las comidas a tiempo para demostrarle a Gulfran el desaprecio que le tenía.


Comencé a manejar buseta por casualidad, cuando un día mi tío Carlos me llevó a que trabajara con él, para que supiera lo difícil que es la vida y cómo es que se gana uno el pan de cada día; la buseta se varó y él me pidió que acelerara mientras él estaba en la parte de debajo de la buseta arreglando unos cables que se habían soltado. Fue en ese momento que mi tío me comenzó a explicar todas las funciones por decirlo así que tiene un carro y cómo era que yo debía utilizarlas para ser un buen conductor en el futuro.

 Hablando un poco de mis comienzos en la buseta, me daba pena pedirles a los pasajeros el pasaje porque muchas veces se les olvidaba o se las tiraban de vivos para ver si a mí se me olvidaba cobrárselos y cuando los amigos de la cuadra o del pueblo se montaban, no los miraba a la cara ni volteaba para que ellos no se dieran cuenta que era yo el cobrador.

Poco a poco fui ahorrando y con eso logré sacar la licencia de conducción para poder manejar la buseta y así  poder mudarme donde vivía porque ya estaba cansado de las humillaciones a la que era sometido por parte de la familia de mi tío. De ahí conocí a una mujer con la que me fui a vivir al barrio la Concepción II, y que actualmente es la madre de mis tres hijos y que gracias a Dios hemos podido salir adelante a pesar de los inconvenientes que se nos han presentado  a lo largo de la vida.

Recuerdo que un día, cuando inicié en la conducción de buseta de servicio urbano un señor no me quería pagar y me tocó llamar a la policía mientras todos los pasajeros que se encontraban en el interior de la buseta veían el percance con el señor.

 Manejar buseta no es fácil, porque constantemente tienes que estar concentrado en lo que estás haciendo para no cometer errores ni imprudencias, que muchas veces causan accidentes  que puedan traer muertes y que sería feo pensar que fue por culpa tuya.


Convivir todos los días con la guerra del centavo, es algo que trato de sobrellevarlo para mantener un equilibrio tanto emocional como físico, porque me he dado cuenta que si me coloco a correr por querer coger un pasajero  podría ocasionar un accidente y  es lo que menos quiero. La salud de los pasajeros es lo primordial en esto de conducir. Eso siempre lo he tenido presente cuando estoy en mi labor.

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