Estatua
de incontables historias
Esteban
Sánchez, escultor del monumento que le
dio un toque mágico al cerro del Cundí, obra inspiradora para muchos creyentes
y punto de referencia en la ciudad.
Por
Stephania Diazgranados Villarreal
Saliendo
de la rutina académica a la cual los estudiantes de tercer semestre de Comunicación
Social y Periodismo de la Universidad Sergio Arboleda de Santa Marta están
acostumbrados, deciden partir del claustro o ‘las cuatro paredes’ como se está
acostumbrado a llamar a las aulas de clase, una expedición a cargo del docente
Carlos Blanco de la asignatura Taller de Comunicación.
Y
deciden emprender la aventura, a eso de las 7:15 de la mañana, acompañados de
la brisa matutina con olor a mar que recuerda constantemente que se está en el
Caribe colombiano y más específicamente en la bahía más linda o ‘Perla de América’,
título al que se ha logrado llegar gracias a las hermosas playas que posee la
ciudad de Santa Marta.
El
sol estaba a favor de la expedición, un poco menos fuerte a lo acostumbrado,
tal vez por la temprana hora que era, pero sin dejar de lado ese ‘calientico’
que se siente en la costa y que probablemente es el factor o el sello que le
impregna a los samarios para tener ese sabor especial.
Al
caminar en ascenso con un poco de cansancio, la brisa despeinando los cabellos
y el sol cegando la vista, se vienen recuerdos de historias que se escuchan, se
ven o se hace parte de ellas, como la famosa procesión que celebran muchos
creyentes en honor a la virgen de la Medalla de la Milagrosa para agradecerle favores o milagros recibidos,
o por el contrario pedirle a la misma que le conceda algún deseo.
La
mayoría de estos eventos se llevan a cabo en el mes de Noviembre, uno de los
más conocidos es el que realiza la escuela Normal Superior María Auxiliadora en
horas de la madrugada tanto docentes como estudiantes de la escuela para orarle
a la virgen, así mismo centenares de personas que creen en ella emprenden una
caminata bastante ardua pero teniendo siempre presente que para ellos ningún
sacrificio es demasiado grande si es por la amada virgen.
Todas
estas personas que creen en la inmaculada aunque de pronto no lo sepan deben
estar eternamente agradecidas con Esteban Sánchez, samario que decide hacer la
escultura y ubicarla en el cerro hacia la década de los 40, hecho que ha sido
motivo de inspiración para muchos.
Pero
más allá de las procesiones que se realizan en el trayecto del cerro a el
monumento es importante cuestionarse el valor y cuidado que se le ha dado a
este sitio en estos tiempos, un poco descuidado y peligroso la mayoría de las
veces. Las personas se abstienen de subir solas por miedo a que los atraquen o
les hagan daño.
Basuras
y desechos que “adornan” de mala manera el lugar es causa clara del poco
sentido de pertenencia que se tiene por la ciudad, y acaso ¿Qué impresión
tendrán las personas extranjeras que van tan emocionadas a este espacio, pero
al llegar al lugar se les nota en el rostro una expresión de desilusión al ver
el aspecto en que se encuentra?
Pasados
unos minutos, luego de caminar y caminar para llegar a la meta final que es el
monumento, se encuentran los estudiantes bajo la penetrante pero serena mirada
de la virgen Medalla de la Milagrosa como diciéndole a cada uno: “hijo mío
estaba tan sola, esperando tu llegada”.
Sea
uno creyente o no, es imposible negar la paz y tranquilidad que se sentía en el
sitio, solo escuchándose el sonido del viento, y observando el hermoso paisaje
de la ciudad de Santa Marta, con un panorama casi perfecto.
Más
allá del aspecto religioso que envuelve el cerro de la virgen Medalla de la
Milagrosa, ubicado en el barrio el Cundí, es importante detenerse por un
segundo a pensar en que son los mismos samarios quienes se han encargado de
abandonar y mal tratar el cerro.
Si
se sabe que es un reconocido punto de referencia en la ciudad que tiene
guardada innumerables historias y vivencias, entonces ¿Por qué no se trata al
sitio como tal?

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