El periodismo como la prostitución, se aprende en la
calle, Tinta Roja
La
vocación no es un pasa tiempo, ni un juego refinando, es una dedicación exclusiva
y excluyente. Una prioridad a la que nada pueda anteponerse. Cartas a un
novelista, Vargas Llosa.
Por Alfredo Chamorro
En medio de un mal trato e inconformismo
al ejercer el periodismo, se encontraba Alfonso Fernández Ferrer, un joven estudiante
de decimo semestre de periodismo, con muchas metas por cumplir y ganas de
surgir, que se tropieza con una experiencia la cual le cambiará la vida, ser
jefe de redacción del periódico El Clamor, en la sección de crónica roja.
Saúl Faúndez, jefe de
redacción del periódico y jefe de Alfonso, le hace ver como un periodista de
verdad no es el más estudiado, sino el más experimentado. “Yo se más de lo que
te han enseñado en esa porquería de universidad, y no precisamente por mis
estudios, sino por mi experiencia”, dijo Saúl Faúndez.
A lo largo de la película,
podemos observar como un periodista es un medio amarillista donde muchas veces
se deben violar los códigos éticos para contar “historias” que atrapen al
lector.
Siendo Alfonso el aprendiz
de Saúl, aprendió que muchas veces “los hechos” no se cuentan como hechos, sino
como una historia, donde el lector se vea implicado, donde hasta lo que no se
ve, se pueda escribir, y sin haber colores
ni olores, se les pueda dar realidad al relato.
En el periodismo de crónica
roja, se aprovecha el tiempo, el espacio y los personajes, teniendo una mirada
para contar la historia con profundidad, sin olvidar que todo esto tiene un
olor. ‘En los días mas aburridos del periodismo, es donde se pone a prueba el
verdadero periodista’.
¡NO
EXISTEN NOTICIAS ABURRIDAS, SINO REPORTEROS INEPTOS!

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