martes, 8 de abril de 2014

Andrade Freddy, El cundí




La leyenda del Cundinamarca
El Parque de los destrozos de la vida

Las Tragedias Sociales Que Rodean A Este Populares Cundi de Santa Marta.


Por Freddy Andrade

Todo comenzó una tarde una, de esas inesperadas, cuando nos dirigimos con una brisa cálida a una de las leyendas más emblemáticas de Santa Marta, a conocer una historia de pronto agradable para algunos y de oscuros destrozos para otros.
Era un parque rodeado de una belleza exterior pero que escondía en su interior un siniestro y oscuro mundo por la noches largas y tenebrosas, era un parque que por el día o por la tarde era un mundo maravilloso lleno de árboles que florecían, niños que jugaban y reyes un tanto ancianos que envejecían viendo a su parque, pero que por las noches era otro tipo de situación.

Por las noches este parque se convertía en una pequeña discoteca ambulante, lo que era hermoso en las mañanas y en las tardes era una tragedia por las noches, no solo porque se escuchaba música distractora sino que también se reunían, paracitos que solo van a emborracharse y negocios que dicen que “viven de ellos” pero lo único que hacen son destrozos por todas partes.
Al ver el parque sin perturbaciones se vuelve un símbolo de paz donde se ve como la brisa fresca de la vida, te arropa con su manto y te envuelve en un mundo de fantasía sin par, como un pequeño sitio inolvidable  donde te puedes relajar y escuchar el sonido de los árboles, el canto de los pájaros y personas conocidas entre si hablando de la vida. 
Pero no todo es felicidad y alegría, siempre donde hay esperanza hay una pequeña oscuridad que siempre sale a reducir, esa pequeña oscuridad que atrapa y destroza la belleza de un sitio donde se puede respirar la tranquilidad.

Esta oscuridad que se nace en un momento determinado y que poco a poco va adquiriendo el poder de dominar a quienes se les atraviesa en su camino, personas que llevan la máscara de la alegría, pero que por dentro no sabe la importancia que tiene  el cuidar esta leyenda emblemática de la bella ciudad de Santa Marta.
Como cuentan alguno de los vecinos del parque, por las noches siniestras se pueden observar vendedores, dejando caer su mercancía, (como sopas, latas o botellas  de cervezas, bolsas de papitas, basuras de comidas rápidas, entre otros) ebrios y moribundos que deambulan en búsqueda de diversión o de otro tipo de actos en donde solo pueden encontrar la destrucción de ellos mismos.
Los pobladores de este sector recuerdan con alegría la vida del parque que alguna vez le perteneció y los acogió, algunos hace más de 40 años y a otros hace poco tiempo, pero que recuerdan que era un parque lleno de felicidad, lleno de vida por doquier, que disfrutaban con su prójimo y compartían con el recién llegado y los niños jugaban más que nunca, aunque hubiese robos por las noches no les importaba nada al ver a su parque en el día.
Hoy en día se puede apreciar los destrozos que el tiempo le han dado y que los moribundos de la ciudad han destrozado, no solo expresando lo que ellos llaman fiesta o alegría sino también contaminando lo que alguna vez fue símbolo de belleza, de tranquilidad y de paz.

Solo nos queda recordar que lo debemos cuidar, porque no sabemos cuándo esta leyenda que nos pertenece va a ser destruida, no sabemos cuánto tiempo más va a resistir de los destrozos de personas sin escrúpulos que vienen a implantar su pequeña oscuridad dentro de ella, que cada día de jueves a domingo crece más. 

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