miércoles, 30 de abril de 2014

Trujillo Sebastián, Cerro el Cundí

En el cerro el Cundí
La virgen que cuida la escalera al cielo

En Santa Marta la virgen observa lo que nadie ve.

 Por Sebastián Trujillo

A su izquierda, acompañada por una cruz sin cristo, una virgen de casi cinco metros de altura, reposa en la cima de una montaña en la cual pasa las horas detallando las vivencias que se desprenden en cada espacio de Santa Marta.


Subir al cerro El  Cundí, se torna en una experiencia caracterizada por los contrastes que el paisaje expone. Atravesando un camino pedregoso  e incluso olvidado por la mano protectora del hombre, pues las basuras adornan el recorrido, el bullicio de las rutinas se aíslan de los oídos, quizás motivado por la fuerte brisa que tambalea los pasos de quien recorre el trayecto.

Como una escalera al cielo, desde la altura, se puede observar cada elemento que conforman los puntos cardinales de la ciudad con más historias por contar en Sudamérica.  El azul del mar Caribe, los árboles que limpian los aires impregnados de contaminación, y las casas como fichas de un rompecabezas perdidas en la inmensidad de las montañas que esgrimen el panorama que los ojos observan, hacen un esfuerzo por imitar y recrear las narraciones bíblicas del Génesis en las que describen el Edén de Adán y Eva.  


La estatua de la Virgen de la Medalla Milagrosa que espía la vida de los samarios, fue esculpida a finales de los años 40 del siglo XX,  por Antonio Sánchez Jiménez, nacido en Cerro San Antonio y graduado de la Escuela de bellas Artes en Bogotá, quien utilizó la imagen de su esposa Eva Molinares Llinás como espejo para la realización de su majestuosa escultura.

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