En el cerro
el Cundí
La virgen que cuida la escalera al cielo
En
Santa Marta la virgen observa lo que nadie ve.
Por
Sebastián Trujillo
A su izquierda, acompañada
por una cruz sin cristo, una virgen de casi cinco metros de altura, reposa en
la cima de una montaña en la cual pasa las horas detallando las vivencias que
se desprenden en cada espacio de Santa Marta.
Subir al cerro El
Cundí, se torna en una experiencia caracterizada por los contrastes
que el paisaje expone. Atravesando un camino pedregoso e incluso olvidado por la mano protectora del
hombre, pues las basuras adornan el recorrido, el bullicio de las rutinas se
aíslan de los oídos, quizás motivado por la fuerte brisa que tambalea los pasos
de quien recorre el trayecto.
Como una escalera al cielo,
desde la altura, se puede observar cada elemento que conforman los puntos
cardinales de la ciudad con más historias por contar en Sudamérica. El azul del mar Caribe, los árboles que
limpian los aires impregnados de contaminación, y las casas como fichas de un
rompecabezas perdidas en la inmensidad de las montañas que esgrimen el panorama
que los ojos observan, hacen un esfuerzo por imitar y recrear las narraciones
bíblicas del Génesis en las que describen el Edén de Adán y Eva.
La estatua de la Virgen de
la Medalla Milagrosa que espía la vida de los samarios, fue esculpida a finales
de los años 40 del siglo XX, por Antonio
Sánchez Jiménez, nacido en Cerro San Antonio y graduado de la Escuela de bellas
Artes en Bogotá, quien utilizó la imagen de su esposa Eva Molinares Llinás como
espejo para la realización de su majestuosa escultura.

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