Lo que fue, es y puede ser
“Cerro el Cundí” un lugar con muchas historias qué contar
Samuel Butler no pudo ser más
preciso al decir que “Para ser es necesario pensar. Para vivir es necesaria la
reflexión y para recordar el haberlo hecho” y eso es curiosamente lo que se
siente subir varias veces al mismo lugar.
Por: Shadya P Torres Harvey
Para la próxima clase vénganse
cómodos, advirtió el profesor de taller
de comunicación III en la Escuela de Comunicación Social y Periodismo de la
Universidad Sergio Arboleda, Carlos Blanco. Era de suponerse que en la siguiente
clase nos llevaría fuera de la Universidad, ¿Pero dónde? Lo mejor era darle
importancia al comentario.
Con mi bolso guardado en el carro
del profesor, estaba lista para emprender el camino; por la ruta que cogimos
supe hacia dónde nos dirigíamos, nuevamente al cerro de la virgen de la Milagrosa,
más conocido como el cerro del Cundí ¡Menos mal me vine en tenis hoy, sabía que
algo así me estaría esperando!
A una o dos cuadras después de la
Universidad se encuentra la subida al cerro, lo suficientemente inclinado como
para notarse el mal estado físico de muchos, y obvio yo, Shadya, que no hago
mucho ejercicio y menos deporte, fui una
de las últimas en subir, lo que hizo de la subida algo larga y a su vez corta,
recuerdo que la última vez que subimos fue casi un año atrás, fue eterna la
llegada hasta la Virgen de los Milagros, pero en esta ocasión no lo fue, al
menos, no tanto, aunque sí agotadora, aunque me permitió detallar
el estado del camino, que no era el
mejor, tenía desde cajas de fosforo, hasta excremento, la
verdad se podía poner en duda quien había defecado allí, había tanto que se
escuchó de uno de nosotros “Parece es el camino de la mierda”.
Sin embargo, no todo ahí era
malo, la vista en ese lugar es realmente hermosa, desde que empecé a sentir el
cansancio y la falta de aire, desde que se comenzaron a ver los techos y patios
de las casas, los edificios, hospitales, hasta que me senté, y pude respirar y
disfrutar de la vista panorámica de esta ciudad que me adoptó.
Estando allá, luego de tanto observar a la ciudad, se creó en mí esa sensación o
esas ganas de decir ¡Sí, Santa Marta lo tiene todo!. Ver el horizonte en la cima es hermoso, el mar en su infinita perfección
deja ver lo inspirado que estaba Dios cuando creó a Santa Marta y en la
sabiduría que le dio al hombre para que crear
cada detalle, cada camino, cada estructura.
El azul inmenso del mar, el guardián
que está en medio de él apagado por falta de oscuridad, la cantidad de cerro,
uno tras otro, rodeando la ciudad, dividiéndola y ocultando la otra gran parte
de ella y el fuerte viento que se siente arriba, me hizo sentir esa emoción que
se vive cuando se emprende un nuevo reto, una nueva meta, el entrar a la universidad
llena de sueños y anhelos por cumplir, me hizo pensar en que debo comenzar,
avanzar y terminar, que hay mucho camino
por recorrer, mucho por lograr, y el saber que somos los que estamos y estamos
los que somos, y que eso no va a cambiar, lo que cambiara es la cantidad.

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