miércoles, 30 de abril de 2014

Torres Shadya, Cerro El Cundí

Lo que fue, es y puede ser
“Cerro el Cundí” un lugar con muchas historias qué contar

Samuel Butler no pudo ser más preciso al decir que “Para ser es necesario pensar. Para vivir es necesaria la reflexión y para recordar el haberlo hecho” y eso es curiosamente lo que se siente subir varias veces al mismo lugar.

Por: Shadya P Torres Harvey

Para la próxima clase vénganse cómodos, advirtió el profesor  de taller de comunicación III en la Escuela de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Sergio Arboleda, Carlos Blanco. Era de suponerse que en la siguiente clase nos llevaría fuera de la Universidad, ¿Pero dónde? Lo mejor era darle importancia al comentario.


Con mi bolso guardado en el carro del profesor, estaba lista para emprender el camino; por la ruta que cogimos supe hacia dónde nos dirigíamos, nuevamente al cerro de la virgen de la Milagrosa, más conocido como el cerro del Cundí ¡Menos mal me vine en tenis hoy, sabía que algo así me estaría esperando!

A una o dos cuadras después de la Universidad se encuentra la subida al cerro, lo suficientemente inclinado como para notarse el mal estado físico de muchos, y obvio yo, Shadya, que no hago mucho ejercicio y menos deporte, fui  una de las últimas en subir, lo que hizo de la subida algo larga y a su vez corta, recuerdo que la última vez que subimos fue casi un año atrás, fue eterna la llegada hasta la Virgen de los Milagros, pero en esta ocasión no lo fue, al menos, no tanto,  aunque sí  agotadora, aunque me permitió detallar el  estado del camino, que no era el mejor,  tenía  desde cajas de fosforo, hasta excremento, la verdad se podía poner en duda quien había defecado allí, había tanto que se escuchó de uno de nosotros “Parece es el camino de  la mierda”.

Sin embargo, no todo ahí era malo, la vista en ese lugar es realmente hermosa, desde que empecé a sentir el cansancio y la falta de aire, desde que se comenzaron a ver los techos y patios de las casas, los edificios, hospitales, hasta que me senté, y pude respirar y disfrutar de la vista panorámica de esta ciudad que me adoptó.

 Estando allá, luego de tanto observar  a la ciudad, se creó en mí esa sensación o esas ganas de decir ¡Sí, Santa Marta lo tiene todo!. Ver el horizonte en la cima  es hermoso, el mar en su infinita perfección deja ver lo inspirado que estaba Dios cuando creó a Santa Marta y en la sabiduría que le dio al hombre para que crear  cada detalle, cada camino, cada estructura.


El azul inmenso del mar, el guardián que está en medio de él apagado por falta de oscuridad, la cantidad de cerro, uno tras otro, rodeando la ciudad, dividiéndola y ocultando la otra gran parte de ella y el fuerte viento que se siente arriba, me hizo sentir esa emoción que se vive cuando se emprende un nuevo reto, una nueva meta, el entrar a la universidad llena de sueños y anhelos por cumplir, me hizo pensar en que debo comenzar, avanzar  y terminar, que hay mucho camino por recorrer, mucho por lograr, y el saber que somos los que estamos y estamos los que somos, y que eso no va a cambiar, lo que cambiara es la cantidad.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario