Brisa y un camino de escombros
Más
de un devoto sube a rendirle cuenta a nuestra intercesora, sin limitarse a los
obstáculos hallados.
Por Sharit Romero Bolaño
Cada
veintisiete de noviembre los devotos de la virgen de la medalla La Milagrosa
realizan una solemne misa y recorrido hasta la altura del cerro donde está
ubicada nuestra intercesora, con el fin de agradecerle por cada uno de los
sucesos que realizamos o cumplimos con la ayuda de ella. Además, los jóvenes
deciden llegar hasta la virgen no solo para dar gracias, sino para salir de la
rutina, escapar de lo cotidiano y ver lo
grandioso que es Santa Marta y como por medio de este lugar podemos apreciar
cada lugar.
En
una mañana soleada, tranquila, con una rutina fuera de lo común, con una brisa
‘loca’ como es identificada la samaria, jóvenes estudiantes de comunicación
social y periodismo de tercer periodo, emprendimos nuestro recorrido con el
objetivo de llegar a la altura de la virgen de la Medalla La Milagrosa y ver lo
esplendido que es nuestra ciudad. Con obstáculos como piedras, vidrios, heces
de perro, colillas de cigarrillos, más de una caja de fósforo, olores un poco
desagradable y con la angustia que nuestras sandalias se reventasen, nuestro
camino se puso un poco divertido, ya no importaba tanto lo que había a nuestro
alrededor, sino la compañía, el momento y llegar hasta al final.
Luego
de estar en la cima, sentí la tranquilidad de estar lejos de las calles, el
ruido de las motos y los carros, sentí la compañía del sonido de los pájaros
aleteando a nuestro alrededor, el reposo de la subida en la cara de cada uno de
los jóvenes, la brisa un poco más fuerte y más de un árbol con espinas. Nuestra
llegada y estadía por vente minutos se volvió interesante y pegajosa, ver una
cruz que hace un año no estaba, una ciudad completa, el mar, cada calle e
identificar los lugar principales que conforman nuestra ciudad nos llenaba de
alegría.
Entre
risas, fotos, charlas y recuerdos de lo que hicimos hace un año, uno de nosotros
decidió experimentar y subir hasta la estatua de la virgen que mide más de un
metro de altura, desde ahí decidió tomar una serie de fotos un poco más
profundas de las normales y surgió el miedo del hecho de pensar que se cayera
de donde estaba ubicada, debido a que era demasiado alto.
Pensar
en bajar el cerro por ese sendero, no estaba en los planes de cada uno, desear
quedarse y ubicar una hamaca en el lugar donde la brisa desordenaba nuestro
cabello era el pensamiento de algunos, pero bueno era la realidad, bajar
rápidamente mientras esquivamos las piedras y nos reíamos con las locuras y
pensamientos de poder volarnos a una casa si fuéramos rateros, fue la
conversación hasta llegar a la universidad.
Una
vez más, es grato decir que subir el cerro en compañía es una de las formas más
divertidas de salir de la rutina y experimentar cosas nuevas, en pocas palabras
es bello poder admirar Santa Marta desde un lugar tan centrado como el cerro
del Cundí.


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