miércoles, 30 de abril de 2014

Romero Sharit, Cerro El Cundí

Una vista más profunda
Brisa y un camino de escombros
  
Más de un devoto sube a rendirle cuenta a nuestra intercesora, sin limitarse a los obstáculos hallados.

Por Sharit Romero Bolaño

Cada veintisiete de noviembre los devotos de la virgen de la medalla La Milagrosa realizan una solemne misa y recorrido hasta la altura del cerro donde está ubicada nuestra intercesora, con el fin de agradecerle por cada uno de los sucesos que realizamos o cumplimos con la ayuda de ella. Además, los jóvenes deciden llegar hasta la virgen no solo para dar gracias, sino para salir de la rutina, escapar de lo cotidiano y  ver lo grandioso que es Santa Marta y como por medio de este lugar podemos apreciar cada lugar.


En una mañana soleada, tranquila, con una rutina fuera de lo común, con una brisa ‘loca’ como es identificada la samaria, jóvenes estudiantes de comunicación social y periodismo de tercer periodo, emprendimos nuestro recorrido con el objetivo de llegar a la altura de la virgen de la Medalla La Milagrosa y ver lo esplendido que es nuestra ciudad. Con obstáculos como piedras, vidrios, heces de perro, colillas de cigarrillos, más de una caja de fósforo, olores un poco desagradable y con la angustia que nuestras sandalias se reventasen, nuestro camino se puso un poco divertido, ya no importaba tanto lo que había a nuestro alrededor, sino la compañía, el momento y llegar hasta al final.

Luego de estar en la cima, sentí la tranquilidad de estar lejos de las calles, el ruido de las motos y los carros, sentí la compañía del sonido de los pájaros aleteando a nuestro alrededor, el reposo de la subida en la cara de cada uno de los jóvenes, la brisa un poco más fuerte y más de un árbol con espinas. Nuestra llegada y estadía por vente minutos se volvió interesante y pegajosa, ver una cruz que hace un año no estaba, una ciudad completa, el mar, cada calle e identificar los lugar principales que conforman nuestra ciudad nos llenaba de alegría.

Entre risas, fotos, charlas y recuerdos de lo que hicimos hace un año, uno de nosotros decidió experimentar y subir hasta la estatua de la virgen que mide más de un metro de altura, desde ahí decidió tomar una serie de fotos un poco más profundas de las normales y surgió el miedo del hecho de pensar que se cayera de donde estaba ubicada, debido a que era demasiado alto.

Pensar en bajar el cerro por ese sendero, no estaba en los planes de cada uno, desear quedarse y ubicar una hamaca en el lugar donde la brisa desordenaba nuestro cabello era el pensamiento de algunos, pero bueno era la realidad, bajar rápidamente mientras esquivamos las piedras y nos reíamos con las locuras y pensamientos de poder volarnos a una casa si fuéramos rateros, fue la conversación hasta llegar a la universidad.



Una vez más, es grato decir que subir el cerro en compañía es una de las formas más divertidas de salir de la rutina y experimentar cosas nuevas, en pocas palabras es bello poder admirar Santa Marta desde un lugar tan centrado como el cerro del Cundí.

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