viernes, 25 de abril de 2014

Musso Jairo, Cerro El Cundí

Una mañana llena de calma y paz
El camino corto a una vista hermosa

Subir a ver la majestuosa estatua de la virgen de la Medalla Milagrosa ubicada en el cerro del Cundí, una experiencia llena de tranquilidad.

Por: Jairo Musso

A las 7:15 a.m., empezamos a subir el cerro del Cundí  que se encuentra relativamente  cerca de la  Universidad Sergio Arboleda, donde observamos una entrada muy deteriorada que no daba mucha confianza, pero al iniciar el recorrido se sentía esa brisa fresca, un ambiente natural que distraía e incitaba tranquilidad.


Al avanzar por ese camino rocoso que llevaba a la altura nos fuimos dando cuenta de la cantidad de basura acumulada a lo largo de este, se sentía una decepción y rabia al ver esa imagen reconfortante de tranquilidad manchada por los descuidos e irresponsabilidades de las personas que no saben el daño que hacen al contaminar ese espacio tan natural.
Cuando llegamos a la cima pudimos observar la inmensa estatua de la virgen de la Medalla Milagrosa esculpida por Esteban Sánchez, ubicada en un gran pedestal en el que se podía admirarla y analizarla con total calma.

Una brisa refrescante y una vista inmensa que daba para analizar y socializar puntos específicos de la ciudad como la hermosa bahía, el colegio Liceo Celedón, el estadio Eduardo Santos, dándole diversión y conocimiento a  nuestra visita a la virgen de la Medalla Milagrosa.

El sitio se prestaba para tomar excelentes fotos, reflexionar y opinar de los detalles del paisaje que no dejaban en algún momento de ser relajantes e inspiradores para aquellos que se perdían entre la naturalidad y la belleza que convertía este cerro con apariencia de abandono en un lugar silencioso digno de admiración.

También se observaba una cruz que estaba al lado de la virgen, muy sencilla pero que a simple vista daba ese aspecto imponente y hacía pensar en todos los actos religiosos que nos representa, con el paisaje de fondo, no había forma de evitar sentir esa emoción al ver estas esculturas.

Hasta lo más mínimo  llamaba mucho la atención con ese paisaje, las casas, los árboles, todo.

Al bajar el cerro la imagen inicial que había dado esa entrada ya había cambiado completamente, se puede decir que fue una experiencia gratificante y relajante que enseña un sitio histórico de la ciudad con mucha cultura a su alrededor.

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