viernes, 25 de abril de 2014

Mendoza Alex, Cerro El Cundí

Una mañana diferente
Subiendo a la cima milagrosa

De camino a vivir una experiencia única, alegre y tranquila en el cerro de la virgen de la medalla Milagrosa.

Por Alex Mendoza

Un día como cualquier otro, la misma rutina de siempre y una mañana tranquila, llegando a clase de taller, los estudiantes de tercer semestre se encontraron con la sorpresa que el profesor Carlos Blanco los llevaría a un recorrido al cerro de la virgen de la medalla Milagrosa en el Cundí.


Caminando y subiendo la cima del cerro, ellos se encontraban alegres, con un buen ambiente, compartiendo una mañana distinta, donde la brisa hacía provocar miles de sentimientos en ellos. Al llegar a lo más alto del cerro, todos miraban los paisajes que tiene la bella Santa Marta, las perspectivas que se veía desde allí, los lugares más abandonados de la ciudad y la Bahía más linda del Caribe colombiano.

Muchas personas sentían una paz,  relajación, tranquilidad que provocaba olvidarse de todos los problemas existentes y solo admirar esa vista y pensar lo maravilloso que es nuestra población samaria. Algunos optaron por  tomarse fotos para recordar su corto paseo y señalando los lugares más bonitos que contiene la bella  perla de América, como: la Bahía, Rodadero, Taganga, el Liceo Celedón, el estadio, centros comerciales, entre otras.
Otros no le prestaron atención en dónde se encontraban, ni el panorama que brindaba este sitio, solo estaban fastidiados de la subida del cerro y pensaban en querer irse a sus casas y seguir durmiendo como unos bebés, en vez de deleitarse del paisaje que ofrecía estar allá como los demás lo hacían.

Estando todos los estudiantes en el cerro de la virgen de la medalla Milagrosa, algunos observaban lo mal cuidado y peligroso que se encuentra este lugar, miles de basuras tiradas y personas indigentes que habitan en la zona y pensando lo peligroso que puede ser ir uno solo allá.

Escombros, vidrios tirados, son una de los aspectos negativos que tiene el cerro que parece que la gente que habita en la ciudad no cuidará lo que tienen, es triste ver para muchos el estado en que se encuentra el sitio. En vez de cuidarlo y sentirse orgulloso por lo que tenemos y por la panorámica, la brisa y la calma que da este lugar.

Al bajar todos de la cima se notaba los relajados y calmados que se sentían a comparación cuando subieron. Estaban alegres y contentos de la experiencia que vivieron y con una actitud distinta a diferencia de la que llegaron a la clase del profesor Carlos Blanco.


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