Viento,
sol y
pensamientos
Una subida al cerro el Cundí
Por
Fionna Locarno Pimienta
Una inesperada salida a las 7 a.m., una
subida al cerro, solamente, e ir
caminando paso a paso. Ver las bolsas de basura por las calles, fue una expresión de desagrado
y el cuidado que las personas de este barrio le tienen al cerro.
Todo sucio de excremento de perro y basura
tirada fue la no tan grata sorpresa de esa subida, al llegar las miradas se
dispusieron a alejarse en el horizonte del mar, y cada punto conocido como la
Bahía, el edificio de los bancos hasta
el Hospital Universitario Fernando Troconis.
Se
reflejaba esa obra matutina de los cerros como si estuvieses pintado de azul,
verde y ese sol que pegaba en la piel, doradito, lleno de energía para un nuevo
día.
Esa
brisa arrasadora que pegaba con fuerza queriéndose llevar a la gente y los
pelos alborotados de las mujeres, ya en la cima del cerro mirando hasta el
cielo se sentía cada ánimo que la gente reflejaba con solo una sonrisa o una
sola mirada a lo lejos.
Lo
más sorprendente era ver a Santa Marta
como le dicen la tierra prometida, ver sus curvas, sus colores hermosos y sus
cálidos vientos, observar de lejos cada barrio y punto reconocido de la ciudad,
cómo ha crecido con el paso de los tiempos con las personas que habitan en
ella desde los tiempos pasados y hasta
la época de hoy, Santa Marta como le dicen la magia de tenerlo todo y que lo
tiene por sus playas, sus barrios, su gente echada para adelante.
Desde
el cerro se divisa la majestuosidad de toda la ciudad y sus alrededores como se habían bajado y subido los carros por
el Ziruma, por un lado el movimiento de un barco para alejarse hacia el
horizonte y por otros lados como el viento frotaba los árboles con esa energía.
Antonio
Esteban Sánchez Jiménez el escultor de
la virgen Medalla Milagrosa ubicada en
el cerro del Cundí se ve
esplendorosa con su colores azules y
blancos y su grandeza al mirarla, cómo ella ve la cuidad todo el tiempo y a toda
hora, como suben los devotos a ella a pedirle y a suplicarle por su
necesidades.
Bajando,
con un agotamiento por la caminada, la gente se ve recién levantada barriendo
sus terrazas, y comprando el desayuno en la tienda, así se ven los samarios mientras que un grupo
de personas pasan mirando a su alrededor
como diciendo quienes son ellos tan temprano bajando el cerro.

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