jueves, 24 de abril de 2014

Gómez Andrea, Cerro El Cundí

Reliquias samarias olvidadas
La Medalla Milagrosa del cerrito de El Cundí

Guardián de una tradición ancestral católica permanece el cerro imponente ante el paso de los años, con la imagen en piedra de la advocación de la Medalla Milagrosa espera cada mañana a los fieles devotos que la visitan.

Por Andrea Marcela Gómez Delaytz

Ubicado en la calle 18 con carrera 13 y con más de 70 años de historia este olvidado cerro recibe cada día a las personas, feligreses, drogadictos o delincuentes, que con diferentes propósitos van a visitarlo; guiándolos por un sendero sin ninguna vigilancia y lleno de basura hasta el altar en el que se encuentra la grandiosa imagen de la virgen, en el que cada persona es libre de hacer lo que su consciencia le permita.


En todos sus años de historia se pueden contar con los dedos de las manos las veces que la comunidad ha puesto su empeño en el cuidado y la mejora de este lugar, pese a las múltiples peregrinaciones que se realizan y la gran devoción que tienen los samarios hacia la virgen Milagrosa nadie se interesa realmente por hacer de esta pila de rocas un verdadero santuario y atractivo histórico, religioso, turístico para propios y visitantes.

La imagen fue esculpida a finales de la década de los 40 por Antonio Esteban Sánchez, originario de Cerro de San Antonio y gran devoto de esta advocación de la virgen, en agradecimiento a los grandes favores recibidos en su familia, y ubicada en este lugar por ser una altura bien ubicada en la ciudad y de fácil acceso para las personas que quisieran visitarla, convirtiéndose en un lugar de gran relevancia para la comunidad católica, aunque después de muchos años se encuentra relegada al abandono.


El único mes del año en el que este cerro es reconocido en noviembre, en el cual se conmemora la fiesta de la virgen y alrededor del cual se realizan novenas y rosarios a varias horas del día, hasta el mismo 27 a las 5:00 a.m. que se culminan los rezos con la misa de la aurora oficiada por el obispo de la diócesis de Santa Marta Hugo Puccini Banfie en la que se congregan cientos de personas cada año.

Pero la parte que nadie le reconoce a este cerro es la maravillosa vista que proporciona desde su cima. Una visión panorámica de la historia de la ciudad, edificaciones como la Catedral Basílica, el Liceo Celedón, el Hospital Fernando Troconis, el barrio Pescaíto, el imponente morro de la que se decía era la bahía más linda de América.

En este punto es pertinente preguntarse por qué a pesar de la relevancia histórica y religiosa que este altar representa ninguna entidad, de la iglesia, local o gubernamental, se hace cargo del constante cuidado y mantenimiento de este lugar, ni de hacerle reconocimiento alguno como un sitio perteneciente a la historia de la ciudad.


Y entonces pensar en la decadencia de la sociedad y la cultura, cada día el olvido será peor hace pensar si así como este lugar ha sido olvidado se olvidarán otros hermosos lugares que al igual que este son parte de la cultura local. 

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