jueves, 24 de abril de 2014

García Claudia, Cerro El Cundí

Una de las hermosas vistas panorámicas de Santa Marta
Subir y bajar el cerro, un sube y baja de sensaciones

El agotamiento vale la pena para disfrutar de una paz y calma.

Por Claudia García Borja

El agotamiento y el cansancio son una de las sensaciones más comunes al subir el cerro El Cundí. Caminar cuesta arriba no es fácil si se hace por un camino empedrado, pero en el que al llegar a la cima, a la estatua esculpida de la virgen de la medalla  Milagrosa, se es consciente de las maravillas que nos ofrece la naturaleza: brisa, paz, una hermosa vista.


Quizá el camino no sea el más bello de todos, se encuentra lleno de desechos, basuras, contaminación; además, se perciben ciertos olores no gratos. En la subida se divisa la vegetación semi desértica que cubre el cerro y que ofrece un ambiente de sequía, lo que lo hace más sorprendente.

Pero poco a poco, el ambiente desagradable va desapareciendo y es remplazado por una de las más maravillosas vistas que se tiene de Santa Marta.
Visitar el cerro significa admirar la gran escultura de la virgen de la medalla de milagrosa creada a finales de la década de los años cuarenta por Antonio Esteban Sánchez Jiménez, nacido en el cerro de San Antonio, Magdalena.

El cerro del Cundí es uno de los pocos que quedan y desde los que se puede apreciar las bellezas tanto arquitectónicas como naturales de la ciudad. Desde la cima, y favorecidos por los cortos y suaves rayos de sol, es posible observar el profundo mar azul, los demás cerros colores café, verdes y azules; además, la altura del cerro permite visualizar, la lejana Sierra Nevada en forma de espejismo, cubierta por una suave niebla de color azul.

La altura del cerro permite disfrutar de una deliciosa brisa que se entrelaza en cada hebra de cabello del que lo visita; además, el delicado sol de la mañana que ofrece un agradable calor que hace alianza con el viento para sentir las más gratas sensaciones de paz y tranquilidad.
El momento menos agradable es el descender, poco a poco se van desapareciendo los paisajes de la ciudad y va disminuyendo el delicado viento que crea suaves roces en la piel; van llegando nuevamente los perturbadores olores y la vista de los desechos, la basura. El agotamiento va llegando nuevamente junto con el aumento de la temperatura y paso a paso se va dispersando la paz y la tranquilidad para llegar nuevamente al  trajín de la ciudad.
Es así la subida y la bajada del cerro El Cundí… un sube y baja de sensaciones y emociones.


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