Zapatero
desde pequeño
Por Erick Avendaño
En la esquina del barrio
Villa Universitaria hay un zapatero que siempre ha laborado en ese mismo lugar,
en donde las personas de ese barrio lo acogieron como si fuese un vecino más,
puesto que no lo es.
Juan Jaime Rosales
Villadiego de 49 años de edad, ha laborado más de 20 años en esa esquina,
puesto que es muy reconocido en el barrio por su amabilidad, su atención y su
hospitalidad con todos sus clientes.
Me propuse hacerle una
entrevista a ese humilde zapatero. Él comentó que desde muy pequeño aprendió
este oficio porque en su casa no lo apoyaron para un buen futuro, además sus
padres no tenían los recursos para darle estudios. Juan es el tercero de ocho
hijos, esta es la razón de que no haya tenido una buena educación para ser un
profesional.
Él desde muy pequeño pensó
en estudiar medicina para ser alguien importante algún día, en su casa aparte de sus ocho
hermanos vivía su abuelo quien era zapatero ambulante, iba en su bicicleta con
todas sus herramientas pregonando por todas las calles de Santa Marta y detrás
del viejo iba Juan Jaime en una bicicleta de las pequeñas. Su abuelo le
enseñaba todo sobre el oficio de la zapatería, cómo pegar, coser y remachar
todos los zapatos y dejarlos como nuevos.
Su abuelo cayó en una grave
enfermedad de los pulmones por causa del cigarrillo la cual lo llevó a la
muerte y todos los conocimiento de la zapatería con sus herramientas fueron
heredadas a Juan, quien empezó a trabajar igual que su abuelo.
Primero empezó a recorrer
las calles como su abuelo y luego encontró una esquina cerca de la Universidad
del Magdalena en donde un cliente de él, lo
aconsejó para que se quedara ahí porque por allí pasaba mucha gente como
lo son los estudiantes de la Universidad.
Se consiguió un cajón de un
basurero, lo limpió bien y lo adecuó para poner sus herramientas, y los
trabajos terminados. Es la hora y aun conserva su cajón porque él dice que le
trae recuerdos de su infancia y a su abuelo como una gran persona lleno de
sabiduría.
También cuenta una anécdota
graciosa en donde una vez un cliente llegó con dos pares de tacones. Los cuatro
tacones de los cuatro zapatos estaban rotos, cuando les fue a poner el tacón
correspondiente puso dos tacones invertidos y los zapatos quedaron uno alto y
uno bajo, y él solo se reía cuando la señora llegó a reclamar, él dice que fue
por estar atareado con tanto trabajo le paso es.
Su familia consta de tres
hijos, dos niños y una hermosa niña la cual es su adoración y su esposa que es la
que hace las labores domésticas, ella le lleva puntualmente su almuerzo y él
termina de trabajar a las 7:15 pm, y llega a su casa a las 8:00 pm, allí encuentra a sus hijos y a su esposa esperándolo para cenar
en familia, esa es su rutina diaria. Juan Jaime vive siempre agradecido con
Dios porque no es el mejor empleo pero le alcanza para darles la educación a
sus hijos para su futuro.

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